Bagaudas

por | 15/03/2016

Cuando se habla de invasiones bárbaras, se suele pensar en germanos, suevos o vándalos cabalgando hacia Roma desde las fronteras imperiales. La realidad fue bastante más confusa. El ejército tardorromano contaba con bárbaros en sus filas, entre sus aliados y, por supuesto, también entre sus adversarios. A su vez, el enemigo podía estar dentro de casa y ser tan romano como el mismísimo césar.

Es lo que sucedió con los bagaudas a partir del siglo III, y sobre todo en el V. Eran hordas de soldados desertores, prófugos fiscales, esclavos fugitivos y, sobre todo, siervos de la gleba hartos de la explotación prefeudal a la que eran sometidos. Recorrieron Hispania y la Galia, enfrentándose en guerrillas al ejército romano. En Hispania a menudo se aliaron con suevos y alanos, o bien se aprovechaban del terror que éstos causaban. Cuando los propietarios de una gran hacienda huían de los bárbaros, los miembros de las bagaudas tomaban la tierra por la fuerza y se la repartían. Su ferocidad era brutal: en 449 mataron al obispo de Tarazona, asaltaron Zaragoza y saquearon Lérida.