Batalla de Vouillé

por | 16/02/2016

Batalla que tuvo lugar en 507 en Vouillé, cerca de Poitiers, entre una coalición de francos y burgundios por un lado, y visigodos por otro. La derrota de estos últimos fue total y su propio rey, Alarico II, murió en la misma.

Era inevitable que la expansión franca durante la segunda mitad del siglo V topara en algún momento con un reino visigodo que, hasta principios del siglo VI, tuvo su capital en Tolosa, no había terminado de cuajar del todo en Hispania y trataba de mantenerse como una fuerza importante, heredera o no de la autoridad romana en Occidente. Clodoveo (481-511), uno de entre tantos jefes francos, consiguió un éxito notable hacia 486, al vencer a Siagrio, el último gobernante de origen galorromano del norte de la Galia; fue así como logró prevalecer sobre el resto de caudillos y convertir sus dominios en un reino.

El rey visigodo Alarico II (484-507) fue incapaz de mantener los dominios heredados de su padre Eurico y hacer frente al expansionismo de Clodoveo. Revueltas locales en Tortosa y Zaragoza pudieron contar con la connivencia del rey franco. Las relaciones entre ambos monarcas fueron tirantes: en 502 se firmó una precaria paz, si bien las hostilidades estallaron en 507; en la primavera de ese año los francos se apoderaron de algunas plazas visigodas al sur de la Galia y derrotaron a un ejército visigodo local.

Cuando Clodoveo ordenó una ofensiva hacia el interior del reino visigodo, apoyado por los burgundios, Alarico II reaccionó y le presentó batalla en Vouillé. La batalla fue un desastre para los visigodos, muriendo el propio Alarico. Aprovechando la confusión entre los visigodos, Clodoveo avanzó y ocupó en los meses siguientes la ciudad de Burdeos y la capital visigoda, Tolosa, donde se apoderó del tesoro real. Simultáneamente, el rey burgundio Gundobando descendió por el Ródano y penetró en Provenza, derrotando a un hijo natural de Alarico, Gesaleico, al mando de algunos contingentes visigodos. Narbona fue ocupada y los visigodos expulsados más allá de los Pirineos, resistiendo sólo en las plazas fortificadas de Carcasona y Arlés.

El desastre sufrido en Vouillé sumió al reino visigodo en el caos y las luchas intestinas. Teodorico el Grande (474-526), rey de los ostrogodos y suegro de Alarico, aliado de los visigodos, había permanecido hasta entonces atrapado en sus dominios a causa de un ataque de una flota naval bizantina en el litoral adriático italiano, ofensiva que no se sabe si fue en connivencia con los francos. En 508, libre de la amenaza bizantina y de una posible invasión burgundia desde los Alpes, Teodorico pudo intervenir en el reino visigodo en defensa de los intereses de su nieto Amalarico (522 o 523-531), el heredero del reino. Gesaleico (507-511), sin embargo, mantuvo el control en Hispania hasta que fue ejecutado en 511 a instancias del rey ostrogodo. Teodorico mandó un ejército de socorro a Narbona y, de este modo, la Septimania se mantendría bajo dominio visigodo hasta la conquista musulmana en 714/715.

La victoria de los francos en Vouillé se debió a su superioridad militar sobre los visigodos; sus tropas eran mucho más curtidas y preparadas que las visigodas por las batallas que había ido librando en los años anteriores contra todo tipo de enemigos, mientras que los visigodos se habían dedicado, principalmente, en los últimos tiempos a controlar el bandidaje y diversas revueltas no especialmente peligrosas. Clodoveo había logrado unificar a las diversas tribus y clanes francos, jugó con la presteza de sus tropas en el ataque y se benefició de la dispersión del ámbito territorial visigodo, difícil de ser defendido ante la descentralización de los ejércitos visigodos por toda la Galia e Hispania.

Hay que hacer notar el paralelismo entre estos hechos y lo ocurrido doscientos años después con la batalla de Guadalete: una única batalla decisiva, muerte del rey en la misma y captura de la capital y del tesoro real provocando el caos y descontrol en el reino. Dos diferencias fundamentales: el apoyo de los ostrogodos y que los francos tampoco tenían fuerzas suficientes para acometer el dominio hispánico de los visigodos, especialmente después de la muerte de Clodoveo en 511.