Dictadura

por | 16/05/2016

La figura del dictador no tenía en Roma, en principio, connotaciones negativas, al ser vista por la plebe como una forma de contrarrestar los abusos del patriciado. Se trataba de una magistratura extraordinaria: el Senado designaba un dictador (dictator) y jefe del pueblo (magister
populi) en circunstancias muy graves para la supervivencia de la República como fue el caso del nombramiento de Fabio Maximo Cunctator en el 217 a.C. para hacer frente a Aníbal tras la victoria de éste en el lago Trasimeno.

Durante su ejercicio, que en principio se extendía sólo por seis meses prorrogables a lo sumo por otros seis, el resto de las magistraturas dependía del dictador, quien disponía de plena libertad de acción y un poder absoluto exento de responsabilidades que incluía el derecho de vida o muerte en campaña Los símbolos de su cargo eran 24 lictores (ciudadanos 0 libertos que precedían a los magistrados para mostrar su rango) provistos de fasces, haces de varas coronados por un hacha. Para ayudarle, y también controlarle, se le asignaba un jefe de la caballería (magister equitum), lo que indica que el término magister populi derivaba del concepto jefe de la infanteria.

Si al principio los dictadores eran patricios. a partir del 398 a.C. también pudieron acceder al cargo los plebeyos. pero entonces el jefe de la caballería debía ser obligatoriamente un patricio; situación que se compensó en el 386 a.C., cuando los plebeyos accedieron también a la magistratura de magister equitum, por lo que en tal caso el dictador debía
ser un patricio. El cargo se ajustó a las reglas del Senado hasta la dictadura de Lucio Cornelio Sila en el 82 a.C. quien, tras derrotar a su rival Cayo Mario a las puertas de Roma, se hizo nombrar dictador por un período indefinido.

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