Ocio y Diversión

Aunque en la Roma rural se trabajaba de sol a sol, en los núcleos urbanos la jornada laboral no pasaba de seis horas. Se madrugaba para aprovechar bien la luz solar y se dedicaba la mañana a los negocios, pero la mayoría de los comercios cerraban poco después del mediodía. Eso los días laborables. En tiempos del emperador Claudio había 159 días festivos, una cifra que puede parecer astronómica, pero que no supera mucho la actual, si tenemos en cuenta que en la antigua Roma no existían los fines de semana ni las vacaciones anuales. Los esclavos no dejaban de trabajar por completo los días festivos, pero se les solía concer al menos un rato de descanso.

Los romanos urbanitas tenían una amplia oferta lúdica para aprovechar ese tiempo libre. Algunas diversiones eran gratuitas, como el teatro, los juegos y las carreras de carros. A la plebe le estaban reservados los peores asientos, pero incluso los esclavos podían, a veces, asistir.

Cualquier lugar era bueno para dibujar un tablero de juego: un pórtico, las gradas del circo, los escalones de una basílica… Se jugaba a las damas, al tres en raya o a antecedentes del ajedrez y el backgammon. Los dados eran el juego estrella, aunque estaban prohibidos, como todos los juegos de azar que implicaran jugar dinero. Tal vez por eso se reservaban para el interior de las tabernas, donde, de paso, por el precio de una consumición, los clientes podían pasar a la tratienda y jugar a los médicos con la camarera. Por supuesto, también había burdeles corrientes.

El baño era el placer diario por excelencia, y estaba al alcance de casi todos. El precio de entrada al recinto de las termas era puramente simbólico, aunque una vez dentro era preciso pagar por todos los servicios extra. Las grandes termas imperiales funcionaban como auténticos centros de ocio, que contaban con biblioteca, puestos de comida, instalaciones deportivas, centros de estética y masaje … En las de Trajano, incluso era posible saborear un picnic en los jardines.

A menudo las fiestas religiosas también eran motivo de diversión. Las favoritas de los esclavos eran las Saturnales, precursoras de la Navidad. Había banquetes, regalos, plantas decorativas, … Los esclavos se sentaban a la mesa de sus amos y -hasta cierto punto- intercambiaban los papeles con ellos.


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