El campamento

por | 24/08/2016

Mantener la pax romana no exigía una constante actividad por parte de las legiones, ya que por lo general les bastaba con “estar”. Una legión estratégicamente situada podía tener controlados a varios enemigos al mismo tiempo. Si se daba el caso de que una legión tuviera que actuar contro uno de ellos, el campo quedaría libre para el resto y las cosas podían llegar a complicarse de veras (de hecho, algo de esto, en gran escala, fue lo que ocurrió para propiciar la caída del Imperio). No obstante, los primeros en causar problemas es casi seguro que verían destruidos sus pueblos y a sus habitantes muertos o esclavizados. Por eso se producían pocos conflictos violentos: si los ciudadanos se quedaban pacíficamente en sus casas, las legiones se quedaban tranquilamente en sus campamentos.

Así pues, el campamento se convertía en el hogar de un legionario durante años, y a veces incluso durante décadas. Al fijarse en un campamento legionario, lo primero que llama la atención es que las bases permanentes de la legión no son fortalezas; después de todo, dentro de un campamento hay una legión y las legiones, por lo menos hasta muy al final, sabían defenderse ellas solas. Los muros estaban pensados principalmente para mantener fuera a personas no autorizadas y para mantener dentro a los legionarios que no tienen por qué estar fuera.

Aunque todos los campamentos tenían algún detalle que podía diferenciarlos de los demás, en esencia eran todos iguales: una superficie de entre 20 y 25 hectáreals delimitada por un rectángulo con las esquinas redondeadas.

El principia, cuartel general de la legión y situado en el centro, en la intersección de las dos vías principales, la Vía Principalis y la Vía praetoria, es el corazón del campamento, y en su centro se hallaba el sacellum, santuario donde se guardaba el águila de la legión. El resto del principia estaba ocupado por oficinas administrativas, y bajo él, existía un sótano donde por lo general se custodiaba el tesoro de la legión. Las viviendas de los tribunos militares y del prefecto del campamento se alzaban en la Vía Principalis, mientras que los barracones de los legionarios se encontraban formando hileras alrededor, junto al perímetro exterior.

Estos barracones formaban la auténtica muralla del campamento porque cualquier atacante tendría que pasar entre ellos antes de llegar a los otros edificios: talleres, establos, baños y hospital, situados alrededor de la zona central. Había unos 64 barracones, y cada uno de ellos alojaba a 80 legionarios con sus respectivos oficiales. Cada legionario debía intimar con otros 7 soldados, lo que se llamaba el contubernium, escuadra que compartía tienda durante las campañas, y dos pequeñas habitaciones de unos 5 metros cuadrados cada una. Los barracones eran edificios alargados con una galería columnada y puertas a los lados para entrar en las habitaciones. Por lo general, una de las habitaciones se usaba para dormir mientras que la otra servía de sala de estar y almacén.

Un espacio de diez metros cuadrados parece insuficiente para que convivan ocho hombres, pero eso raramente ocurría. En primer lugar, porque las legiones siempre andaban cortas de efectivos, y segundo, en los campamentos se mantenía una actitud tolerante hacia los legionarios que pasaban alguna que otra noche fuera de sus muros. Aunque no podían casarse, muchos emprendían relaciones permanentes con mujeres de las ciudades cercanas. Las autoridades lo aceptaban porque muchos de los hijos surgidos de estas relaciones acababan por convertirse a su vez en legionarios.

También hay que tener en cuenta que los romanos en general eran bastante ajenos al concepto de espacio personal. Los romanos apenas iban a sus habitaciones para dormir. Comían, se bañaban y se reunían con sus conocidos en lugares públicos, e incluso en las letrinas se pasaban un rato conversando tranquilamente con los amigos mientras hacían uso de ellas.

Además, el espacio disponible aumentaba porque buena parte de los efectivos de la legión estaba fuera del campamento de manera habitual. En provincias pacíficas, muchos hombres eran enviados fuera del campamento a misiones como escoltar a un dignatario de visita en la provincia, vigilar las vías, reparar esas mismas vías, proteger aldeas y caravanas de comerciantes de bandidos, etc.

La legión sirve como reserva de hombres bien adiestrados, albañiles, herreros, secretarios, ingenieros, médicos, … y es común que un funcionario del gobierno que precise de esos servicios se dirija a la legión para obtenerlos. Para un especialista, un immunis, la legión no es más que un puesto de trabajo al que se acude por la mañana y en el que se trabaja hasta que cae la noche. Esta rutina se ve interrumpida de vez en cuando por acciones militares, pero éstas no son más que “molestias” ocasionales, compensadas por la seguridad ofrecida por la omnipresente estructura militar que garantiza un empleo, comidas regulares, atención médica y una pensión.

Más o menos cada tres meses, la legión en pleno cambia esta rutina diaria por unas maniobras llamadas ambulatura con las que se pretende que los soldados sigan manteniendo su capacidad militar.

 

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