El Coliseo

ColiseoEl Coliseo no sólo fue el primer anfiteatro permanente de Roma y, lógicamente, el más grande de todo el Imperio, sino que se erigió en un tiempo récord: 12 años. Mandado construir por Vespasiano, su sucesor Tito lo inauguró en el año 80 con unos fastos que duraron 100 días. El nombre de Coliseo (en realidad se llamaba Anfiteatro Flavio, en honor de la familia imperial) no se debe a sus gigantescas dimensiones, que bien podría ser, sino que hace referencia a una estatua de Nerón de 40 metros que había en sus cercanías, desaparecida durante la Edad Media. Durante el mandato de Domiciano, hermano de Tito, se añadió el cuarto piso, el único con pilastras y ventanas rectangulares.

En su arena se celebraron las famosas luchas de gladiadores, entre ellos y contra fieras, que entretuvieron al público romano hasta principios del siglo V, cuando fueron prohibidas. Los combates entre animales y la representación de batallas mitológicas e históricas se prolongaron hasta poco después de la caída del Imperio. La versatilidad del edificio permitía que la arena se cubriera de agua y sirviera de escenario para espectaculares contiendas navales (naumaquias).

En 217 un rayo provocó un incendio en los pisos superiores, y más tarde tuvieron lugar dos terremotos. En el siglo VI, con el Coliseo ya abandonado, nuevos seísmos dejaron su estructura en ruinas. El edificio, cada vez más degradado, se empleó como vivienda, fortaleza y cantera por parte de papas y nobles, que utilizaron su mármol en la basílica de San Pedro y el palacio Bernini.

En 1744 el papa Benedicto XIV lo consagró en memoria de los cristianos martirizados, aunque hoy se pone en duda que el Coliseo acogiera martirios. Hasta el siglo XIX no se iniciaron excavaciones y restauraciones, que continuan en la actualidad. Aun así, el Coliseo es, después del Panteón, el edificio mejor conservado de la antigua Roma.

Su tamaño y su eficaz diseño, pensados para escenificar complejos espectáculos y albergar grandes multitudes, hacen del Coliseo uno de los éxitos arquitectónicos de la Antigüedad. De planta elíptica y cuatro pisos, acogía a más de 50.000 espectadores, que podían entrar y salir rápidamente por sus 80 puertas. Ha constituido el modelo de la mayoría de los estadios deportivos modernos, sólo que las gradas son ahora más democráticas. En las suyas los romanos se distribuían, de abajo arriba, por clases sociales. En el podium (primer nivel) se sentaba el emperador y los senadores. En lo alto, de pie, estaban las mujeres pobres y los esclavos.

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HNG28-66