El legionario: ingreso

por | 16/08/2016

A pesar de la escasez perenne de soldados en el ejército romano, no todo el mundo que intentaba formar parte de una legión era admitido; cualquiera que pretendiera alistarse tenía que cumplir una serie de requisitos:

Ciudadanía romana

Condición totalmente imprescindible; los no ciudadanos solamente son admitidos en una legión en situaciones absolutamente desesperadas. Un no ciudadano (peregrinus) que desee alistarse deberá hacerlo en los cuerpos auxiliares; los esclavos, si son descubiertos, son enviados a las minas o ejecutados inmediatamente.

Soltería

Los soldados han de ser solteros y no pueden contraer matrimonio durante los veinte años de servicio. De todas formas, siempre se hizo la vista gorda ante posible relaciones mantenidas por los soldados con mujeres que vivían en las cercanías de los campamentos.

Por otro lado, nada impedía a un casado alistarse en el ejército: ese alistamiento constituía una declaración unilateral de divorcio a todos los efectos.

Buena salud

Evidente, teniendo en cuenta las circunstancias en que se va a ver envuelto.

La falta del dedo índice o pulgar supone la inhabilitación. No fue raro que durante un dilectus (reclutamiento forzoso) hubiera individuos que se mutilaran alguno de estos dedos; el castigo era muy severo en caso de que la intencionalidad fuera comprobada.

También han de ver bien.

Altura

Como mínimo 170 cm; tenían que imponer. Se podía hacer alguna excepción en caso de individuos especialmente robustos.

Genitales masculinos

Eunucos y mujeres, abstenerse. En tiempos de Trajano se empezó a permitir que aquellos hombres que contaran con un único testículo -por el motivo que fuese- podían alistarse.

No haber cometido delitos graves.

Un pequeño historial de pequeños delitos es permisible. Si el individuo que quiere alistarse está siendo perseguido por algún delito grave, cuando sea descubierto será expulsado de manera sumaria

Contar con una buena carta de recomendación.

Aunque no totalmente imprscindible, nunca venía mal. Además, si por una vez la legión no necesitara de nuevos reclutas, el aspirante a legionario, en caso de no disponer de un buen “padrino” podía encontrarse en una cohorte auxiliar o, lo que era peor porque estaban muy mal vistos, sirviendo en la flota.

Todo aquél que cumpla las condiciones anteriores ha de pasar por la probatio, por la fase de prueba. En ella, que se realiza antes del juramento y de la concesión de destino, el oficial de reclutamiento intenta asegurarse de que el futuro recluta es quien dice ser y que, además, será capaz de aguantar las exigencias físicas que se le demanden durante los siguientes 25 años. En cuanto al primer requisito, no se hace demasiado hincapié: la burocracia romana es lenta pero segura y, en caso de haber mentido, lo más probable es que, antes o después sea descubierto.

Si la probatio se aprueba, el oficial de reclutamiento lo pone en lista para realizar el Juramento Militar. Hasta que haga ese Juramento el aspirante a soldado sigue siendo, a todos los efectos, un civil y puede irse en cualquier momento sin sufrir ningún tipo de consecuencias desagradables; después de realizar el Juramento, se acabó: en caso de irse en cualquier momento será un desertor y el castigo es la muerte, sin más.

Da un paso al frente, recluta número uno, y declara por los varios dioses el juramento irrompible de que seguirás a tu comandante a donde quiera que te lleve. Obedecerás las órdenes con entusiasmo y sin vacilar. Renuncias a la protección de la ley civil romana y reconoces el poder de tu comandante de matarte sin juicio por desobediencia o deserción. Prometes servir bajo los estandartes durante tu período de servicio y no abandonarlo hasta que tu comandante te releve. Servirás a Roma con lealtad, incluso a costa de tu propia vida, y respetarás la ley en lo que respecta a los civiles y a tus comandantes en el campamento.

Una vez hecho el juramento, el nuevo legionario es identificado minuciosamente: su nombre es registrado junto a la descripción de cualquier verruga, cicatriz o marca que sirva para reconocerlo. Además, también recibe el signaculum, una pequeña bolsita que deberá colgarse del cuello y en cuyo interior figura una pequeña tablilla de plomo con sus datos.

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