En campaña

por | 25/08/2016

Las campañas militares del ejército romano perseguían objetivos esencialmente políticos mediante la puesta en marcha de operaciones militares de alta intensidad. Con esto queremos decir que un ejército romano en campaña no intentaba socavar la base económica del enemigo con embargos y sanciones. En lugar de eso, los generales determinaban la persecución de qué objetivos obligarían al enemigo a pelear —la capital enemiga era siempre una buena opción- y lanzaban al ejército hacia ellos lo más rápido posible. En algún momento, el enemigo interpondría un ejército para tratar de detener el avance de la apisonadora romana. Una vez que las legiones destrozaran a dicho ejército, el enemigo se rendía o su capital era tomada tras un asedio breve, brutal y letal. Esta estrategia consistente en meterse hasta el fondo del país enemigo funcionó siempre perfectamente, por lo menos en las guerras en las que las tropas romanas eran las atacantes.

La columna de marcha

En general, las formaciones adoptadas por las columnas romanas para emprender una campaña fuera de territorio romano y para enfrentarse a incursiones enemigas dentro de sus propias fronteras eran muy distintas. La formación también dependía del tipo de enemigo contra el que marchaba la legión. Por ejemplo, cuando el enemigo tenía una caballería potente, el ejército podía formar un cuadrado hueco, con las tropas en el exterior y la caravana con el equipaje en el interior (cosa que, por cierto, tan mal resultado le dio a Craso en la batalla de Carras). Obviamente, esta formación dependía de que el terreno fuera suficientemente llano, pero de todas formas éste es precisamente el tipo de terreno que más favorece las acciones de la caballería.

En terreno quebrado, en el que la velocidad es importante, el ejército puede ser dividido en varias columnas que sigan rutas independientes hacia el objetivo. Esta estrategia asume que el enemigo carece de fuerzas suficientes para imponerse a una de dichas columnas antes de que las demás puedan acudir en su ayuda.

No obstante, la formacion mas habitual es la descrita por el general judío Josefo en su libro acerca de la guerra en Judea. Josefo formó parte del ejército romano en marcha hacia Jerusalén en el 68 d. C. y, como militar que era, sabía de lo que hablaba. En Judea, el ejército romano avanzaba por un terreno hostil pero relativamente abierto, lo que no impedía que en él pudiesen esconderse algunas sorpresas desagradables, como la emboscada que trituró a la Legio XII en Beth Horon en el 66 d. C.

Batidores y exploradores

Las primeras fuerzas romanas que verá un explorador enemigo serán las unidades de reconocimiento formadas por auxiliares y arqueros. Los auxiliares tienen la misión de registrar bosques y otros puntos en los que sea posible tender emboscadas, y los arqueros la de cubrir su retirada si se topan con una fuerza enemiga.

Vanguardia

Estas unidades de exploradores estaban seguidas de cerca por unidades dc infantería y caballería fuertemente armadas. Estas unidades debían ser lo bastante fuertes como para resistir el ataque de una fuerza enemiga por sí solas, a no ser que ésta fuera inusualmente potente. En cualquier caso, debían ser capaces de mantener la posición durante el tiempo necesario para que el resto del ejército llegara en su ayuda.

Detrás de la vanguardia iba un pequeño grupo de prospectores y obreros que determinaban dónde se iba a situar el campamento durante la noche y, una vez allí, empezaban a marcar los lugares donde debían montarse las tiendas y cavarse las zanjas.

Ingenieros y ayudantes

Detrás, por delante del grueso del ejército, iba un contingente de ingenieros cuyo trabajo era arreglar cualquier desperfecto que hubiera en la carretera. Normalmente, estos ingenieros trabajan contra reloj para que todo estuviera listo para la llegada del cuerpo principal de tropas.

Equipaje y armas de asedio

Esta es la sección más vulnerable de un ejército, y por tanto la que el enemigo intentará atacar con mayor denuedo. La caravana de equipaje contenía tanto el botín obtenido hasta ese momento como los suministros, por lo que destruir esta caravana (y matar a quienes saben cómo funcionan las infernales máquinas de asedio) podía dejar toda una campaña al borde del fracaso.

El general

Tras los suministros marchaba el general con la caballería y sus oficiales. Esta posición, aproximadamente en el centro de la columna, le permite acudir rápidamente a investigar cualquier incidente o actividad enemiga a lo largo de la misma.

Las legiones

El hecho de llevar tantas cosas por delante supone una buena noticia para los soldados, porque las legiones, con sus aguilas y trompetas al frente, y las tropas auxiliares podían seguir el ritmo sin cansarse demasiado, en ocasiones en una columna de seis en fondo. Tras los legionarios marchaban las mulas con sus tiendas y sus enseres personales.

Supernumerarios

Detras de las legiones venían las tribus aliadas 0 cualquier otra fuerza suplementaria que pudiera haberse sumado a la campaña.

Retaguardia

Otra fuerza de cobertura formada por infantes y jinetes se situaba en retaguardia para asegurarse de que nadie cogía al ejército por la espalda.

Cuando avanzaba por terreno difícil y un solo carril, el ejército romano se estiraba, alcanzando una longitud considerable. En circunstancias extremas, entre los exploradores y la retaguardia podía llegar a haber unos 15 kilómetros. Dado que el ejército aspiraba a avanzar unos 30 kilómetros al dia, esto quiere decir que la vanguardia podía haber recorrido ya la mitad del camino hasta el lugar donde esa noche se instalaría el campamento antes de que la retaguardia haya salido del campamento ocupado durante la noche anterior. No obstante, estas circunstancias eran excepcionales. Era más habitual que las carretas ocuparan la carretera y que los legionarios marcharan en campo abierto a los lados de la misma. Esto parece muy difícil a simple vista, pero si la ruta había sido recientemente recorrida por otra legión, incluidos sus miles de caballos, el terreno estaría bien apisonado y sería fácil de seguir. Si el terreno era firme y estaba seco, la marcha resultaba un paseo bastante agradable, pero si estaba mojado y lleno de barro, la verdad es que era agotador.

El campamento durante la marcha

El campamento en el que un ejército en campaña se detenía a pasar la noche le resultaba muy familiar a todo el mundo. No sólo era prácticamente idéntico al ocupado la noche anterior, sino también a la base permanente de la legión.  Contaba con las mismas porta principia, que conducían a los mismos principia y praetoria, cuyas guardias estaban formadas por los mismos de siempre, y que estaban ocupadas por los mismos de siempre. Probablemente, las tiendas conservaban la misma distribución que los edificios de la base y, con seguridad, la misma que ocuparon la noche anterior.

Por supuesto, para que los legionarios pudieran descansar en el campamento tenían que construirlo primero. El emplazamiento del nuevo campamento era seleccionado por estar en terreno llano, tener acceso a fuentes de agua y contar con un suelo fácil de trabajar. Las posibles facilidades defensivas ofrecidas por el terreno no eran prioritarias, porque de cualquier forma el campamento era muy seguro una vez que los legionarios hubieran terminado de construirlo.

Cuando el grueso de la legión llegaba al lugar donde iba a pasar la noche, el trabajo ya había comenzado. Cada hombre sabía lo que tenía que hacer. Unos iban a recoger a las mulas con las tiendas, otros se dirigían al sector aproximado del campo donde debían participar en la construcción de los terraplenes y las empalizadas. Construir un campamento podía llevar unas tres horas, aunque cada legionario, individualmente, tardaría menos en ejecutar la tarea que tenía asignada.

Puede parecer extraño esta forma tan peculiar de avanzar, construyendo un campamento cada noche, pero había sus razones:

  • Dada la longitud de la columna en marcha, muchos legionarios iban a estar mucho tiempo esperando a que llegaran sus compañeros más rezagados por lo que así, al menos, hacían algo de utilidad.
  • Un campamento legionario, que cada semana se internaba 150 kilómetros en su territorio, causaba una honda impresión psicológica en el enemigo, entre otras cosas porque los ingenieros romanos se aplicaban en enderezar y arreglar la carretera que corría entre los distintos lugares de acampada, incluso cuando la invasión no fuera de ocupación.
  • También, por supuesto, esta el efecto que creaba entre los propios legionarios. El campamento era un hogar fuera del hogar. Aunque el exterior fuera un páramo agreste lleno de salvajes sanguinarios, la taberna improvisada que tus compañeros regentan clandestinamente junto a los establos de la Via Decumana sigue estando donde siempre, y aúm es posible oir el sonido de las armaduras de los guardias de la torre XII cuando se ponen firmes, avisándote de que la ronda de inspección está en camino. Las letrinas están ahora al aire
    libre, pero tu sitio favorito, junto a la esquina, sigue estando ahí.
  • Los terraplenes y las trincheras no sólo servían para mantener al enemigo fuera. También mantenían a los legionarios dentro. Las deserciones eran un problema para todos los ejércitos, y la perspectiva de participar en una batalla y resultar herido o muerto no era una cosa que le apeteciera a nadie.
Alojamientos

Se dormía en un papilio, una tienda, normalmente hecha de cuero aceitado (la piel de becerro y la de cabra eran las opciones más frecuentes), y en la que se alojaban ocho legionarios. El espacio, por tanto, no abundaba, por lo que normalmente el equipo se dejaba apilado fuera, con el escudo dentro de su funda puesto encima para ofrecer al resto cierta protección. En cuanto se entraba en el campamento podía verse si el suelo era húmedo. Cuanto más embarrado estuviera, más bajas e inclinadas estaban las tiendas, porque los soldados plegaban la parte inferior de las paredes tendiendo un “alerón” de cuero para evitar dormir con la cabeza sobre el barro. Cuando más baja sea la tienda, menor sera el volumen interior, y más fácil resultara caldearla con el calor corporal de los legionarios, algo que resultaba muy útil cuando la campaña se desarrollaba en una primavera o un otoño fríos. Si el clima era caluroso, el frente de la tienda podía dejarse abierto y levantado para permitir que corriera la brisa por el interior.

Debido a que dos contubernia de cada centuria estarán de guardia, una unidad que quisiera viajar ligera de equipaje sólo tenía que cargar con ocho tiendas, en lugar de diez.

Raciones de campaña

Una de las grandes diferencias entre un campamento en campaña y una base permanente era que el primero carecía de cocinas. Es posible que las legiones fueran invencibles, pero sus líneas de suministro no lo eran, y ningún ejército funciona de manera adecuada si sus soldados están hambrientos. Una legión en marcha precisaba diariamiente de unas 8 toneladas de grano, 45.000 litros de agua y 18 toneladas de forraje para los caballos, los bueyes y el resto de los animales de carga.

Por si se producía un ataque a las caravanas de suministros, los legionarios cargaban con víveres para una semana. En campaña, cada contubernium debe preparar su propia comida. Ésta procedía de dos fuentes:

Reservas de suministros

El general al mando se había asegurado de hacer acopio de grandes cantidades de grano y de carne antes de que el primer soldado romano pusiera el pie fuera de las fronteras del Imperio, para garantizarle el sustento hasta llegar a su destino.

Comida en movimiento

Era bastante posible que la legión se viera acompañada de una manada de vacas, lo que aseguraba unos suministros que se movían por sí solos.

Raciones

Fundamentalmente, la legión suplía a los soldados con grano y carne curada. El grano se molía en molinos manuales, cargados por la mula del contubernium, y podía ser cocido en forma de simples tortas o preparado como unas espesas gachas.

Partidas de forrajeros

Esta dieta podía hacerse bastante monótona en muy poco tiempo. Por tanto, un poco de ternera, cerdo o cordero fresco, o una inesperada ración de verduras de vez en cuando, eran siempre bievenidos. Estos alimentos se obtenían del propio terreno por el que avanzaba el ejército.

Por lo general, el legionario no veía demasiado al enemigo hasta que llegaba el momento de enfrentarse a él en un batalla o en un asedio, además de que los lugareños que se encontraban en el camino de las legiones se habrían escondido llevándose a sus mujeres, hijos y rebaños lo más lejos posible de los romanos.

Ahí era donde participaban en gran medida los auxiliares participando en partidas de aprovisionamiento, buscando dónde están escondidos esos rebaños y llevándoselos a la base para que los soldados pudieran comer carne fresca. Otras partidas se separarán de la columna principal para saquear huertas y sembrados y surtir al campamento de verduras y fruta fresca.

 

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