Equipamiento

Antes de nada: un legionario se tenía que comprar su propio equipo, sea a comerciantes, sea al Estado; si el legionario no podía adquirirlo por su cuenta, el Estado se lo proporcionaba pero descontándoselo de la paga.

Existen varias partes del equipo con las que el legionario debe contar indefectiblemente, y éstas deben cumplir con ciertos requisitos. Una aproximación podría ser la que aparece a continuación.

Calzado

Las famosas caliga. Hay que tener en cuenta que en la legión se anda, y se anda mucho y cargando grandes pesos; por eso, el calzado es la parte más fundamental del equipamiento. Sin él, todo lo demás sobra.

Una buena caliga debe cumplir una serie de requisitos: debe ajustarse bien al pie; ha de ser suave, es decir, el cuero ha de estar bien curtido; las correas han de estar en buen estado; y, fundamental a la hora de moverse por terrenos enlodados (de barro o sangre) y de dar patadas: los clavos de las suelas han de ser nuevos y estar en buen estado.

La túnica

Las túnicas son un tipo de prenda de talla única y para cualquier uso, siendo casi tan anchas como largas y deben quedar algo por encima de las rodillas. Su cuello ha de ser muy ancho ya que a la hora de hacer un trabajo duro, se sacará un brazo por el cuello dejando la manga derecha libre, y liberando así el torso. En otras circunstancias el cuello puede ceñirse mediante un nudo que, junto con uno o dos broches (fibulae) de adorno, es un útil enganche para el manto. La túnica del legionario sufre un enorme desgaste y muchos soldados han de renovarla cada dos meses, más o menos.

La túnica, como en la vida civil, también sirve para llevar cosas. Con un cinturón para ajustarla a la cintura, se pueden guardar cosas dentro, metiéndolas y sacándolas por el cuello. Lo del cinturón era un tema que a los legionarios no les gustaba nada (quedarse sin él): el castigo más básico ante una falta leve era obligarles a hacer el servicio sin cinturón; se sentían ridículos.

En cuanto al material del que esté hecha una túnica dependerá del destino de la unidad. La lana gruesa es muy útil en Germania o Britania, mientras que en climas más cálidos se usaba el lino. Su limpieza se hace de forma colectiva, y por eso conviene que nuestra túnica sea del mismo material que las del resto de la unidad. Consecuencia de esta limpieza colectiva es que el color de cualquier túnica adquirirá pronto el del resto de la unidad ya que los colorantes no están bien fijados y destiñen. Muchas unidades prefieren el rojo porque el tinte empleado -la rubia- es barato y fácil de conseguir. Pero, como es barato, su calidad no es demasiado buena por lo que destiñe rápidamente con el sol y, como consecuencia, las legiones suelen regresar a su campamento tras una campaña vestidos con unas túnicas de color rosa muy poco marcial (desde nuestro punto de vista).

Armadura

Aunque la armadura de un legionario puede constar de una cota de mallas, el tipo más común en la época imperial es la conocida como lorica segmentata que consiste en una serie de bandas metálicas sobre un armazón de cuero que se ajusta al cuerpo. La lorica segmentata es más sólida y ligera -pesa de 6 a 7 kg- que la cota de mallas de uso habitual en las tropas auxiliares.

El inconveniente es que pulirla, limpiar de óxido las 34 piezas independientes de que se compone, además de bisagras, remaches, ganchos y hebillas, es un trabajo increiblemente pesado pero totalmente necesario si se quieren evitar disgustos con los superiores o, lo que es casi tan importante, si se quiere que esté en buen uso cuando se necesite realmente y que sea capaz de cumplir con su función.

Cuando se porta esta armadura (de buen y duro acero, nunca de hierro), lo primero que hay que hacer es ponerse una bufanda que proteja tanto el cuello como el pecho a la altura del esternón pues la pesada banda pectoral puede llegar a ulcerar la piel. La armadura puede portarse como si fuera una chaqueta metálica abrochada por delante con unas correas de cuero y, si está bien ajustada (imprescindible), es muy flexible y deja plena libertad de movimientos.

Casco

Muy pesado, pasó de ser de bronce a ser de hierro en época imperial. Era totalmente imprescindible que se ajustara perfectamente al cráneo y para ello debía llevar un relleno pero que no fuera demasiado grueso y que fuera firme, para que el cráneo quedara bien sujeto dentro de él.

El casco de la época imperial llevaba una placa trasera que protegía la nuca -donde se situaba la argolla de la que se colgaba en las marchas-, unas amplias carrilleras y unos rebordes que protegían las orejas y la parte frontal.

En contra de lo que se puede ver en las películas, no se llevaban plumas ni crestas habitualmente aunque sí que contaban con un apéndice en la parte superior donde, ocasionalmente, podían engancharse. Los centuriones sí que llevaban una cresta transversal para hacerles bien visibles en el combate y que sus hombres pudieran seguir sus instrucciones, lo que simultáneamente, hacía que fueran los blancos preferidos de los enemigos.

Escudo (scutum)

Aunque no todos los escudos eran iguales, el más habitual en la época imperial tenía un tamaño aproximado de entre 0,90 y 1,10 m de alto y unos 0’90 m de ancho y estaba ligeramente curvado.

Estaba compuesto por tres capas de madera de abedul o roble que se superponían perpendicularmente cada una a la anterior y debería llevar un reborde metálico -de cobre, normalmente- a lo largo de todo su perímetro. Se agarraba mediante un mango que se encontraba en su centro, cogiéndolo con el puño hacia abajo lo que permitía utilizarlo con mucha eficacia y comodidad y también como arma ofensiva.

Estaba adornado con la insignia de la legión correspondiente y se llevaba siempre dentro de su funda salvo cuando había que mantenerlo o limpiarlo, en el batalla. En cualquier caso, había que encerarlo frecuentemente para mantener los colores brillantes y la madera en buen estado. Era conveniente hacerle alguna marca identificativa para evitar que lo roben.

Espada (gladius)

Cambió muchas veces a lo largo de la historia de Roma pero en época imperial la espada del legionario de a pie consistía en una afilada lámina de acero de unos 50 cm de longitud y de unos 5 cm de anchura. Las tropas auxiliares y la caballería solían preferir otras espadas más largas.

Aunque eran de doble filo -y muy cortantes, realmente- el objetivo que tenía en mente el legionario al principio del choque con el ejército enemigo, era estoquear con ella, es decir, clavar la punta en el cuerpo del soldado enemigo y, preferiblemente, a la altura del ombligo para subir por dentro hasta el corazón. Como la hoja no llevaba acanaladuras, la carne herida se pegaba a la espada, atrapándola, por lo que para sacarla la empuñadura debía estar dotada de un buen pomo y, además, había que revolverla dentro de la herida con lo que el destrozo era mayor.

Desde luego, la empuñadura debía estar fabricada con algún material que no fuera resbaladizo y un tanto áspero -hueso o cuero sin curtir- y era también fundamental que estuviera bien equilibrada para poderla manejar con rapidez, eficacia y con un mínimo de cansancio.

La espada se portaba dentro de su vaina colgada del hombro derecho, dejando el puño bastante por encima de la cadera y con la vaina ligeramente inclinada hacia adelante para poderla sacar y guardar rápidamente.

Lanza (pilum)

Específica del ejército legionario romano, es muy pesada y compuesta de dos partes: un asta de madera de aproximadamente 1’20 m bastante gruesa al que va unido un delgado vástago de hierro (no de acero) de aproximadamente 90 cm. Se utiliza una única vez lanzándola con violencia todos juntos contra el ejército enemigo y, al ser tan pesada, es capaz de atravesar a un hombre. Pero en el caso de tropezar con un escudo, sus especiales características hace que se separe el metal del asta de madera quedando colgando y haciendo inútil, por su peso, el escudo.

Según Tito Livio, el caudillo ilergete Indíbil murió en combate clavado al suelo por un pilum que había atravesado su escudo.

Otras piezas

Desde los tiempos de Mario, con sus reformas del ejército, son los propios legionarios los que deben cargar con todo su equipo en las marchas; por ello, han de saber muy bien qué es lo que llevan y cuánto pesa para poder hacer la marcha con el mismo. De todas maneras, el equipo siempre contará con:

  • Mochila, bolsa de cuero colgada de la furca o pértiga de 1,20 m rematada por un travesaño
  • Pico o dolabra, herramienta con la que cavar
  • Manto, también enrollado junto a la mochila, es pesado por estar hecho de lana.
  • Patera, cuenco multiusos, con mango, que sirve tanto para guisar como para comer.
  • Comida y cantimplora.

Por último, hay elementos, como las tiendas de campaña, que son transportadas por mulas: una mula para cada ocho legionarios que son los que duermen, sobre sus mantos, en cada tienda.