Falcata

Espada que utilizaban las tribus prerromanas en la península ibérica.Quizá originaria de los Balcanes, habría sido introducida en la península por los celtas.

Falcata

Falcata

Existieron diversos modelos de las espadas llamadas falcatas, según la época y las tribus que las empuñaban, pero todas tenían unas características comunes en cuanto a dimensiones, técnicas de forjado y forma (la voz falcata evoca en latín la forma curvada, de hoz, de la hoja). Eran espadas anchas, de unos sesenta centímetros de longitud. En su elaboración, se enterraba la hoja unos meses, o incluso años, para que se oxidase. Una vez desprendidas las partes más endebles del acero, se aprovechaba solo el núcleo, más resistente, sobre el que se forjaba la nueva hoja. El resultado eran filos muy duros y cortantes. Y ligeros, además, pues a menudo en el centro de la hoja, o en la parte en la que no había filo, se labraban acanaladuras para reducir la cantidad de metal.

En sus primeras confrontaciones con los pueblos peninsulares, lo romanos ya comprobaron que estas espadas astillaban fácilmente sus escudos de madera, por lo que debieron reforzarlos con bordes de metal. Las legiones acabaron adoptando las técnicas hispanas de forjado y cuidaron más la calidad del hierro. Introdujeron mejoras en la falcata (enderezaron su curvatura e incorporaron el doble filo), convirtiéndola en el gladius hispaniensis, capaz de cortar y atravesar, modelo que perduraría un par de siglos. Sería sustituida por la espada llamada mainz, algo más corta y más ancha.