Genserico

Rey vándalo desde 428 hasta 477 en que falleció. Bajo su reinado el reino vándalo alcanzó su máxima extensión y poderío, siendo un hito importante y muy recordado el saqueo de Roma en 455.

Hijo ilegítimo del rey Godegisilio o Geodisel, que murió en la batalla librada al cruzar los vándalos -junto con suevos y alanos- el Rin la noche del 31 de diciembre de 406, y de una mujer alana, era muy joven en esa fecha. Su pueblo, dirigido por su hermano Gunderico, vagabundeó saqueando la Galia durante tres años antes de pasar a Hispania donde, además del pillaje, tuvo duros enfrentamientos con romanos y godos (federados de los romanos), demostrando ya entonces Genserico, cojo a causa de una caída de caballo durante la travesía del Rin, huraño, osado e incansable, su valía militar a pesar de su extrema juventud.

Concluida la guerra, los vándalos -junto con los restos de los alanos sobrevivientes- se instalan en Sevilla, desde controlan el tráfico marítimo a través de Gibraltar. Pero pronto estalla un conflicto sangriento entre los dos hermanos que finaliza con la muerte de Gunderico y la elección de Genserico como rey de vándalos y alanos en 427 o 428.

Nada más subir al trono, Genserico toma la decisión de abandonar la Bética, seguramente llamado por el conde Bonifacio de África. Guerreros, mujeres, niños y ancianos se dedican durante un año a construir embarcaciones. Y así, en el año 428, día y noche, cientos de barcos zarpan desde Tarifa y arrojan a la costa entre Tánger y Ceuta a guerreros alanos y vándalos con sus caballos y carros de combate, junto a otras cien mil personas en pos de la tierra prometida por el rey. Para prevenir un ataque de las tropas imperiales, Genserico destruye la flota romana que se encontraba en Barcino, mientras sus hombres arrasan Tánger para no dejar enemigos a sus espaldas.

Avanzan hacia el este, hasta llegar a Hipona (la actual Annaba, en Argelia), cuyo prestigioso obispo es, desde hace 35 años, san Agustín. Genserico ordena a su flota bloquear la ciudad por mar y la somete a un asedio de trece meses, durante el cual muere san Agustín. Los africanos, hartos de los abusos de Roma, consideran a Genserico su libertador y se suman a él. Por su parte, Genserico soborna al gobernador romano y logra al fin tomar la ciudad sin violencia. Roma se ve, así, obligada a firmar un tratado por el cual reconoce a Genserico como rey de las tierras que ha conquistado; es el primer soberano bárbaro al que Roma otorga la condición de igual.

Genserico, una vez ha convertido en marinos a unos hombres que jamás habían visto el mar, organiza con ellos temibles flotas piratas que solan las costas del Mediterráneo. Pone entonces su mira en Cartago, la segunda ciudad del Imperio occidental, principal puerto del Mediterráneo occidental y gran centro de abastecimiento de Roma (allí se embarca el grano de las provincias africanas), y la cerca por mar y tierra. El hambre y la peste campan a sus anchas en la ciudad sitiada, adonde llega la noticia de que los vándalos torturan y queman a los obispos de las diócesis vecinas. Los católicos llegan a pensar que Genserico es el cuarto jinete del apocalipsis y que se acerca el fin del mundo.

Un reino vándalo en África

Pese a los socorros enviados por Roma, Cartago, agotada, se entrega en el año 439. El rey establece un nuevo calendario: ese día comienza la era de Genserico. Los vándalos se hacen con más de cien naves de combate abandonadas en los astilleros. Genserico controla el comercio con Roma; vende, saquea, secuestra, mantiene embajadas en todos los reinos entre Persia y Occidente; y en sus dominios africanos organiza un reino enteramente prefeudal.

Temiendo que los vicios de la floreciente Cartago debiliten a sus guerreros, emite edictos moralistas y derriba los barrios licenciosos. Imbuido de su nuevo poder, establece la monarquía hereditaria, lo que provoca una revuelta de los nobles, que hasta entonces tenían el derecho a suceder al rey mediante elección. Genserico reprime el alzamiento sin piedad: mata a más alanos y vándalos que los que han caído en todas sus batallas.

A Genserico, el hombre más poderoso de Occidente, sólo le falta una presa: la propia Roma. En el año 455, una querella familiar le ofrece el pretexto para hacerse con ella. Tiempo atrás, el emperador Valentiniano III había ofrecido casar a su hija Eudoxia con Hunerico, hijo de Genserico, Para hacer posible este enlace, el rey vándalo no dudó en romper el matrimonio de su vástago con una princesa visigoda, a la que acusó de intento de asesinato y devolvió a su padre tras mutilarle nariz y orejas. Dada su corta edad, Eudoxia permaneción en Roma. Pero en 455, un senador llamado Petronio Máximo asesina al emperador Valentiniano, ocupa su puesto y pretende casarse con Eudoxia.

La pesadilla de Roma

Furioso, Genserico no acepta la situación y decide lanzar un ataque sobre Roma. El 22 de abril de 455, llega con su ejército a las puertas de la capital imperial. El papa León I, tal como había hecho tres años antes cuando llegaron los hunos de Atila, acude sin escolta e inerme ante el señor de los vándalos para hacerle desistir de su propósito. Pero lo único que obtiene el pontífice es la promesa de respetar vidas, edificios e iglesias. Durante dos semanas Genserico se adueña de oro y obras de arte, de la industria bélica romana e incluso se llevará consigo a artesanos, artistas y técnicos. Sin embargo, no destruye la ciudad, que somete a un bloqueo naval tras retirarse.

Cinco años después, Roma busca el desquite. Reúne en Cartagena un gran ejército romano-godo, y tantos navíos que se llega a acusar al emperador Mayoriano de haber acabado con los bosques de Italia. Pero, antes de de las tropas embarquen, Genserico las sorprende en Elche y Cartagena y destruye los barcos que no logra capturar. Derrotada de nuevo, Roma agoniza en luchas intestinas, mientras Genserico asola el Mediterráneo y no se detiene ni ante el Imperio Romano de Oriente, cuyo soberano, León I, ofrece una paza que es rechazada por el vándalo.

Roma y Bizancio sitian Cartago con el mayor despliegue naval, militar y financieron de la Antigüedad. Todo parece indicar que el anciano rey vándalo, acosado por mar y tierra y en inferioridad numérica, será por fin vencido. Pero a pesar de estar sitiado sorprende de los romanos en Sicilia y logra cortar los suministros a los ejércitos que lo asedian. Luego conviene una breve tregua al cabo de la cual promete entregarse, pero una noche incendia los más de mil barcos de la armada romano-bizantina y desata una guerra de guerrillas sobre los ejércitos imperiales que, abandonados en África, sólo ocupan tierras arrasadas y pozos envenenados. Finalmente, ambos imperios acuerdan con Genserico un tratado por el cual lo reconocen como legítimo poseedor de todo lo que ha conquistado durante cincuenta años. Al día siguiente de firmarlo, el 25 de enero de 477, el cuadillo vándalo muere vencido por la edad.