Ingenieros de minas

En un momento en el que los fenómenos económicos eran todavía menos comprendidos que hoy, los gobernantes del mundo antiguo siempre andaban buscando nuevas fuentes de metales preciosos con los que acuñar moneda y así pagar, en especial, a las legiones, el soporte de su poder. Y eran los ingenieros los encargados de diseñar los mecanismos necesarios para arrancar de las entrañas de la tierra esos metales preciosos tan necesarios. Una vez acabadas las vetas superficiales, tocaba cavar siguiendo las vetas a cada vez mayor profundidad. Según avanzaban los túneles, se iban entibando y dejando columnas de soporte, al tiempo que se abrían pozos verticales para airear y se ponían en marcha bombas y tornillos de Arquímedes para achicar el agua.

Como dice Plinio el Viejo en su Historia Natural: “En nuestro mundo […] el oro se extrae de tres modos: en primer lugar en las partículas (pepitas) de los ríos, como en el Tajo en Hispania […], y ninguno es oro tan puro, ya que está pulido por la corriente y el flotamiento. Se extrae de otra forma mediante pozos o se busca derribando los montes”. Los dos primeros métodos son muy conocidos, pero no tanto el tercero, esa ruina montium que menciona el escritor romano. El mejor ejemplo quizá sea el de Las Médulas, en León. Pero también lo encontramos en Cerro del Sol y Cerro Zapatera en Lancha del Genil, Granada.

lasmedulasTal como lo describe Plinio, el derrumbe de los montes era un trabajo peligroso en grado sumo en el que se perdía a muchos mineros. Consistía, básicamente, en convertir el terreno que se deseaba explotar en un hormiguero repleto de pasadizos. Según el autor, terminada esta tarea solo se trataba de ir destruyendo, a partir de los más alejados, los soportes levantados en esas galerías. Privado de la sustentación, el monte se venía abajo, tras lo cual no había más que lavar el material para encontrar todo el oro posible.

La arqueología revela que en este procedimiento entraba otro de los elementos que tanto gustaban a los romanos: el agua, que sería la verdadera responsable del hundimiento del terreno aurífero. Mientras se agujereaba el monte, se iba organizando la canalización para llenar el inmenso depósito de agua situado sobre la boca de la mina. Terminado todo, se abrían las compuertas y el agua del depósito penetraba en las galerías. Por efecto de la gravedad y la energía cinética, el líquido generaba en el interior de la mina tal presión que reventaba los corredores.

Derrumbado el monte, el agua lo convertía en lodo, que era arrastrado hacia unas zanjas previamente situadas en el llano. En estos canales de decantación había ramas de arbustos espinosos que hacían las veces de filtro aurífero. Una vez lavado todo el material del derrumbe, se tomaban las ramas, se las dejaba secar y luego se las quemaba. Un último lavado de las cenizas permitía al fin encontrar el mineral que tantos esfuerzos (y vida de esclavos) había costado.


Para saber más:

  • HNG115-16: El duro trabajo de los mineros en Hispania
  • HNG138-54: El oro de las Médulas