La Dama de Elche

En la mañana del 4 de agosto de 1897, Manuel Campello Esclápez salió de su casa y se dirigió a una finca en la Alcudia de Elche. Allí, su padre y otros obreros trabajaban desde el alba levantando muros de piedra y nivelando los bancales donde luego se plantarían granados. Manolillo tenía 17 años (no 14, como se ha venido diciendo) y ayudaba llevando agua a los hombres y haciéndoles recados. Aprovechando que los trabajadores hicieron una pausa para descansar y echar un pitillo bajo una higuera, el joven cogió un pico y se puso a cavar en un ribazo. Una piedra se interpuso en su camino. La golpeó repetidas veces, pero no se movió. Retiró con la mano la tierra suelta que la cubría y se encontró con unos ojos que lo miraban desde su tumba de tierra. Acababa de descubrir la obra cumbre del arte ibérico: la Dama de Elche.