La escritura ibérica

por | 22/03/2016

Las culturas prerromanas de la península ibérica siguen casadas con el misterio. Las referencias al mundo ibero y celtíbero en los textos de los autores clásicos son muy escasas, y sólo aumentan a partir de finales del siglo III a.C. coincidiendo con la invasión cartaginesa del territorio peninsular y con el desarrollo de la Segunda Guerra Púnica.

Respecto a lo anterior a estas fechas, los historiadores se enfrentan a una oscuridad casi total. Reconstruir la evolución histórica de estos pueblos en los períodos anteriores a la traumática interacción con las grandes potencias de la época resulta extremadamente complejo. Solo la arqueología puede arrojar algo de luz sobre las gentes que habitaban en la península antes de la llegada de los romanos. La gran paradoja es que se cuenta con más de 2.000 inscripciones en las diferentes variantes de la escritura ibera -meridional, levantina y del sudoeste-. Estas constituyen el corpus epigráfico más nutrido, junto con el del mundo etrusco, del Mediterráneo antiguo, por encima del ámbito grecorromano.

Se sabe que el alfabeto ibero deriva del fenicio, gracias a la intensa interacción de los indígenas peninsulares con estos excepcionales navegantes y comerciantes levantinos a partir del siglo IX a.C., y que su desarrollo surge en el siglo V a.C. y penetra hacia el valle del Ebro a fines del siglo III a.C., donde entrará en contacto con los pueblos celtíberos, cuya lengua de origen indoeuropeo nada tiene que ver la ibera.

Nos encontramos con un alfabeto semisilábico de veintiocho signos que podrían darnos la clave para poder interpretar la fascinante complejidad del mundo ibero-celtibero. En 1922 el arqueólogo e historiador Manuel Gómez Moreno, valiéndose de bronces como el de Ascoli o de monedas romanas acuñadas en la península ibérica con inscripciones bilingües, fue capaz de establecer una equivalencia entre el alfabeto de la escritura ibera y el nuestro. Es decir, desde entonces estamos en disposición de leer los textos en la variante ibérico-levantiva, cuya superficie predilecta eran finas placas de plomo incisas con un punzón. Pero lamentablemente, no podemos traducirlos.

En El Campello (Alicante) se han rescatado cerámicas con inscripciones en alfabeto ibero y en griego, pero se trata de textos diferentes. La arqueología española continúa buscando la clave de bóveda, en la esperanza de encontrar un texto ibero traducido al latín o al griego que, de una vez por todas, nos permita conocer un poco más a nuestros antepasados.


Para saber más:

HNG132-58