Libertad individual

por | 07/04/2016

El grado de autonomía personal del romano medio era muy limitado. Ni siquiera los libres eran libres del todo. Formalmente, un varón alcanzaba la mayoría de edad en a adolescencia, cuando vestía la toga viril, pero seguía sujeto a la autoridad del patricarca, el pater familias, hasta que éste fallecía. Entretanto no podía administrar su propio patrimonio ni decidir con quién casarse aunque fuera ya un venerable cuarentón.

Una mujer siempre dependía de un tutor legal, que podía ser su esposo, su suegro, su padre o, a la muerte de éste, cualquier otro pariente varón. Únicamente podía aspirar a emanciparse si era madre de familia numerosa. Estas limitaciones afectaban incluso a las clases altas.

Las restricciones de los esclavos, por supuesto, eran mucho mayores. En realidad carecían por completo de derechos. No podían casarse, aunque a veces sus dueños les permitían formar parejas de hecho. Sus propiedades pertenecían formalmente al amo, aunque éste podía autorizarles a ahorrar o a invertir en pequeños negocios. No podían heredar, ni hacer testamento ni oponerse a la venta de sus propios hijos.

Incluso si un esclavo alcanzaba la libertad, seguía vinculado a su antiguo amo por una serie de obligaciones. Cada cierto tiempo, los libertos debían llevar regalos a su patrón y prestarle servicios profesionales. En ocasiones, el antiguo amo podía heredar los bienes de un liberto, y, en caso de necesidad, ambos estaban obligados a alimentarse mutuamente. Dependiendo del procedimiento seguido en su manumisión, los libertos obtenían de manera automática la ciudadanía romana, o bien una versión reducida de la misma. Sus descendientes nacían plenamente libres.

Ser ciudadano y varón otorgaba el derecho a voto y, en teoría, también permitía presentarse a un cargo público. No obstante, el pueblo tenía otras formas de hacer oír su voz. Por ejemplo, aprovechando los espectáculos para reclamar a coro reformas y subsidios. O ironizando sobre los políticos, como cierto pompeyano que escribió en un muro: “Los ladrones piden el voto para Vatia como edil”.

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