Los libros sibilinos

por | 02/07/2016

Existía una leyenda, recogida por el historiador griego Dionisio de Halicarnaso, según la cual, Tarquino “el Soberbio”, rey de Roma, le compró a una anciana tres libros llenos de oráculos sibilinos. Se supone que era la sacerdotisa que ocupaba en aquel momento la sede de Cumas.

Se designó para custodiarlos una comisión de diez ciudadanos distinguidos (decemviros), “que desempeñan este cargo de por vida y quedan exentos de prestaciones militares y de cualquier otra obligación ciudadana y en cuya ausencia no se permite a los hombres consultar los oráculos […]. Los consultan por orden del Senado, cuando una revuelta se apodera de la ciudad o cuando en la guerra sobreviene una gran catástrofe o, como muchas veces ha sucedido, cuando se les aparecen grandes prodigios o visiones de difícil interpretación”.

En el año 83 a.C. los libros fueron destruidos en un incendio del templo en el que se guardaban. El Senado ordenó recomponerlos a base de recoger los existentes en otros lugares y en tiempos de Augusto se expurgaron y se fijó una versión definitiva, que se guardó en el pedestal de la estatua de Apolo (el inspirador de los libros) en el Palatino.

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