Lucrecia

Lucrecia

Lucrecia

El incidente con el que Tito Livio anuncia que “nunca más se permitió que un rey reinase en Roma” lleva el nombre de una mujer: Lucrecia. Probablemente, el descontento ciudadano con los últimos reyes etruscos -ejemplarizado en Tarquinio el Soberbio, soberano con reputación de déspota- cristaliza en la historia que refiere Tito Livio en su Ab urbe condita. Sexto Tarquinio, hijo del Soberbio, se encapricha ciegamente de una aristócrata romana, casada, llamada Lucrecia. Como corresponde a una digna matrona, ella se niega a ceder a los avances del Tarquinio, y éste la fuerza. Ultrajada, Lucrecia opta por el suicidio, no sin antes reclamar venganza: el exterminio de su violador.

El padre y el esposo se ocuparon, junto con otros patricios, de que los Tarquinios fuesen los últimos reyes de Roma. El pueblo juró solemnemente que jamás aceptaría la autoridad de un rey, y a continuación se instituyó la República.