Masinisa

El futuro rey de Numidia nació en el año 238 a.C. en el seno de las tribus beréberes de lo que hoy sería la franja costera de Argelia. Era hijo del jefe de la tribu, y desde joven tuvo que luchar con otro rival, llamado Scifax. Según Polibio era tan fuerte que era capaz de estar un día entero de pie, con los pies juntos y sin mover un sólo músculo de su cuerpo.

Con el apoyo de Cartago, logró agrupar a las diferentes tribus bajo su mando y constituir el reino númida. Acompañó al ejército púnico a Hispania al mando de su caballería, logrando derrotar a los romanos. A la vuelta de las campañas volvió a luchar contra Scifax y otros pretendientes al trono. En esta ocasión fue derrotado por su rival y tuvo que exiliarse.

Con el respaldo de Cartago al nuevo rey, hacia 206 a.C. se dejó cortejar por Roma, que le prometió ayuda para recuperar su trono si cambiaba de bando. En la batalla de Zama la participación de su caballería fue decisiva para la victoria romana. Tras la muerte de Scifax se casó con su viuda, cartaginesa, pero los romanos, recelosos de su posible influencia sobre Masinisa, le obligaron a matarla.

Fresco en Pompeya

Fresco en Pompeya

En efecto, Sofonisba, hija del general Asdrúbal Giscón, protagonizó un episodio de pasiones, celos y venganzas narrado por historiadores como Tito Livio. El drama se desencadenó tras la derrota de Scifax; al entrar Masinisa en la capital de Scifax, Cirta, y volver a ver a su antigua prometida, Sofonisba, se revivió su antigua pasión y se casó con ella. Escipión, temeroso de que por culpa de esta pasión por una cartaginesa, Masinisa se volviera contra Roma, le “aconsejó” que no echara a perder todo lo conseguido por una pasión amorosa; Masinisa, obedeció las indicaciones recibidas y llamando a su esclavo de mayor confianza le entregó una copa con veneno para que se la llevara a Sofonisba. Cuando el esclavo llegó a la presencia de la princesa, ésta declaró con ironía que aceptaba el “regalo de bodas”, y “con la misma altivez con que había hablado cogió la copa, sin el menor signo de vacilación y la apuró impávida”.

Bajo el reinado de Masinisa numerosas tribus se sedentarizaron, y se establecieron unas fronteras con Cartago amparadas por Roma. Años después, y de acuerdo con sus protectores, comenzó a hostigar a los poblados fronterizos para provocar un conflicto con sus vecinos. Cartago le declaró la guerra y, de ese modo, al violar los acuerdos de paz, Roma tuvo un pretexto para declarar la Tercera Guerra Púnica, que acabaría con la antigua potencia.

Masinisa vivió hasta 148 a.C., pero a su muerte su reino se dividió entre sus hijos y terminó absorbido por Roma.