Nombres romanos

por | 26/03/2016

Normalmente, un nombre romano se componía de tres partes:

  • praenomen: nombre de pila,
  • nomen: nombre de la gens a la que pertenecía y
  • cognomen: nombre de una familia concreta dentro de la gens.

De esta forma, tendríamos que el nombre completo de Julio César era: Caio Julius Caesar donde: Caio era el praenomen; Julius la gens a la que pertenecía y Caesar, el apelativo de su familia.

O Escipión el Africano, Publio Cornelio Escipión: Publio, de la gens Cornelia, de la familia de los Escipiones.

Praenomen

Los praenomina, los nombres de pila, eran muy poco variados por lo que a lo largo de la historia vemos que se repiten continuamente: Cayo, Tiberio, Marco, Cneo, Publio, … De todas formas, el “pater familia”, que era el que ponía el nombre al recién nacido -si es que lo aceptaba- no se complicaba mucho la existencia en este sentido y solía ponerle el ordinal de los nacimientos: Quinto, por ser el quinto hijo; Sexto, por ser el sexto; Póstumo …

Solamente los amigos muy íntimos, los familiares más próximos, los niños y -sorprendentemente desde nuestro punto de vista- los esclavos de la familia, podían dirigirse a alguien mediante su praenomen. No es que dirigirse a alguien no íntimo mediante su praenomen fuera una mera falta de educación; era algo inaúdito y gravísimo insulto.

Nomen

Era lo fundamental para un romano puesto que indicaba su pertenencia a un grupo social, a una estirpe, más o menos poderoso o de “racio abolengo”. Un romano se sentía más o menos orgulloso de su rango según perteneciera a una gens u otra.

Como dato histórico, a todos los primeros emperadores se les conoce como la dinastía julia-claudia, por pertenecer todos ellos a esa gens.

Cognomen

Tercer nombre de un ciudadano romano. Servía para diferenciar las distintas ramas familiares dentro de cada gens. Normalmente, los nombres originales de las familias habían tenido que ver con algún tipo de característica física del fundador: Estrabón, por bizco, César por velludo, etc.

El cognomen era la forma habitual, respetuosa y educada de dirigirse a alguien: César, Escipión, …, era como se dirigían a estos generales sus subordinados.  Cuando alguien se quería referir a otra persona de manera excesivamente formal utilizaba el nomen seguido del cognomen: Julio César, Cornelio Escipión …

También podía conseguirse un segundo cognomen (o más: véanse los nombres formales de algunos emperadores) por proezas militares: Africano por vencer en África (Publio Cornelio Escipión Africano); Germánico, por vencer a los germanos, Torcuato, por conseguir muchas torques, … Este segundo cognomen no era hereditario y si en la historia de Roma encontramos diversos “Africanos” o “Germánicos”, por ejemplo, es porque cada uno de ellos se supone que mereció recibir ese apelativo.

Tema distinto es cuando un romano era adoptado por otro: el adoptado cambiaba su nombre por el que le adoptaba y al mismo añadía su propio nomen o cognomen. Así, el emperador Augusto recibió el nombre de Cayo Octavio Turino al nacer y al ser adoptado por César lo cambió por Cayo Julio César Octaviano aunque, posteriormente, el Senado le concedió el cognomen de “Augusto”.

En resumen: a Caius Julius Cæsar solamente le podía llamar Caius su mujer o su madre, por ejemplo; cuando alguien le requería para hablar con él le llamaba Cæsar, y cuando se hablaba de él, la forma usual era la de Julius Cæsar.