Otros cuerpos militares

El ejército romano no sólo eran las legiones; de hecho, en algunas legiones, ésta ni siquiera es la mejor opción. En cualquier caso, en cualquiera que sea la unidad a la que se uniera un recluta, éste formaría parte de un cuerpo de combate integrado, cuya fuerza residía en la complementariedad de sus distintas unidades.

Caballería

Características generales son: en la mayoría de las batallas, la caballería se mantiene en reserva; pueden entrar tanto ciudadanos como no ciudadanos; el equipo a mantener y limpiar -además del caballo y su estiércol- es variado y abundante y, por último, la caballería romana, como tal, nunca fue especialmente eficaz y casi siempre en los ejércitos imperiales se echaba mano de la caballería de otras países.

Lo más probable es que los jinetes de origen romano sean destinados a una unidad de la caballería legionaria, unidades estrechamente integradas con las legiones de las que extraen la mayoría de sus efectivos, consiguiéndolo normalmente por recomendación.

Además de la labor propia en la batalla, eran muy apreciados como mensajeros y formando partidas de exploratores, cuya misión era la de adelantarse al ejército llevando a cabo operaciones especiales o tratando de obtener información sobre los movimientos del enemigo; no duraban mucho.

En el campo de batalla, la mayor parte de la caballería combatía formada en alae -alas-, ya que por regla general se situaban a los flancos de la infantería. Puesto que los caballos se cansan antes que las personas, los jinetes se mantenían la mayor parte de la batalla en reserva, ya que la mayoría de los comandantes prefería que al menos la mitad de su caballería estuviera inactiva en todo momento.

Normalmente, lo que se pretendía era que una de las alas derrotara e hiciera abandonar el campo al ala correspondiente del ejército contrario para, de esta forma, rodear y poder atacar por la espalda a la infantería enemiga. En contra de lo que se pueda ver en las películas, los caballos, que tienen más sentido común de lo que parece, raramente cargan contra unidades compactas de infantería o caballería enemiga; por eso, cuando se producía un choque entre unidades enfrentadas de caballería, al cargar, tanto unos como otros, procuraban abrir mucho las líneas para que los caballos siguieran al galope y no frenaran en seco al encontrarse con un muro.

Otra de las principales funciones de la caballería en batalla -y con la que soñaban todos los jinetes- era la de cargar y perseguir al enemigo cuando éste ya había sido derrotado.

La espada de la caballería (spatha) era más larga que el gladius de la infantería; su escudo solía ser plano y ovalado, su armadura de cota de mallas; y su casco más cerrado por todos lados pues los ataques por la espalda eran más frecuentes que en el combate a pie.

Asimismo, disponía de varias jabalinas para arrojarla contra el enemigo; lo normal era que, durante un ataque, antes de producirse el cuerpo a cuerpo, un jinete hubiera arrojado al menos media docena de jabalinas.

Y lo más característico: la silla de montar, sin estribos, con cuatro borrenes; era lo suficientemente fuerte y firme como para permitir a un jinete lanzar una fuerte estocada con su lanza sin salir despedido hacia la grupa del caballo.

Aprender a usar el escudo, la espada, la lanza y las jabalinas desde un caballo a la carrera requería mucha práctica. Curiosamente, además, el adiestramiento también incluía ejercicios de cómo caerse accidentalmente del caballo sin hacerse mucho daño.

Auxiliares

Si no se sabía montar a caballo y no se era ciudadano romano, el recluta acabaría en los cuerpos auxiliares; o mejor dicho, los otros cuerpos auxiliares, porque la mayor parte de la caballería también se cuenta entre los auxilia. No obstante, el término se usa para hacer referencia a las unidades de infantería ligera y no ciudadana a la que se encargaba habitualmente de los trabajos más peligrosos a cambio del 80% de la paga. El servicio también era por un plazo de 25 años y, al final, con la licencia, se conseguía la ciudadanía romana.

Otra cosa que hay que recordar es que los cuerpos auxiliares existieron casi desde el principio, aunque en ocasiones recibieran el nombre de aliados y en otras incluso fueran mercenarios; más todavía, según fue avanzando la descomposición del Imperio, los cuerpos auxiliares pasaron a ser los elementos esenciales del ejército hasta que, como federados, casi se convirtieron en el único ejército realmente eficaz de los romanos.

Normalmente, un soldado auxiliar luchaba en una cohorte de aproximadamente 480 hombres, la mayoría de los cuales eran compatriotas. Aunque algunas cohortes servían en puestos muy alejados de su provincia de procedencia, una vez alcanzado el destino los cuerpos auxiliares tendían a permanecer en la misma zona cubriendo las bajas con recursos locales por lo que la nacionalidad de la cohorte terminaba por cambiar; así, por ejemplo, la cohorte I Augusta, originaria de Lusitania, se encontraba 100 años más tarde en Egipto, habiendo adquirido un contingente de 20 jinetes sobre camellos.

La vida en los cuerpos auxiliares estaba dominada por un cierto carácter informal que resultaba imposible encontrar en las legiones. Para empezar, dado que operaban en cohortes, los auxilia carecían del aparato burocrático propio de las legiones; esto los hacía ideales para el servicio en vexillationes, unidades de pequeño tamaño creadas específicamente para realizar una determinada misión concreta.

Esta flexibilidad puede explicar por qué algunos ciudadanos romanos decidían voluntariamente servir en los cuerpos auxiliares en lugar de en las legiones. Esto era especialmente frecuente entre aquellos ciudadanos que querían seguir una carrera en la caballería de la provincia de procedencia. No obstante, otros se unían a los auxilia como pedites (su infantería); su decisión puede deberse a que es mucho más probable que los auxilia permanecieran cerca de su lugar de origen mientras que las legiones se tenían que desplazar según los requerimientos del Estado. Como resultado, muchos auxiliares no ciudadanos se quedaban en un mismo sitio durante tanto tiempo que acababan por casarse y tener familias, que recibían la ciudadanía junto con ellos cuando se licenciaban.

Existían varias razones para mantener a las cohortes auxiliares en un mismo lugar:

  • Las tropas prefieren servir en la región de la que son originarios
  • En pequeñas operaciones como emboscadas, incursiones y refriegas, conocer bien la zona resultaba vital.
  • Estas operaciones bélicas de baja intensidad requerían tropas que comprendieran y respetaran las tradiciones locales.
  • Los auxiliares habían pasado siglos desarrollando armas y técnicas de combate especialmente adaptadas al terreno en que se desenvolvían.

Una excepción a esta regla general de mantener a los auxiliares en su área de origen eran los cuerpos especializados, que resultaban bienvenidos en todas partes. Los jinétes sármatas o los arqueros sirios, por ejemplo, podían estar seguros de que, alistándose, iban a ver mundo.

El papel de los auxiliares con respecto a las legiones es precisamente el que su nombre indica: de ayuda y apoyo. Durante el avance de las legiones hacia la batalla, los auxilia estaban:

  • Explorando el terreno en vanguardia para evitar emboscadas.
  • Informando al general de la posible composición del enemigo y de sus tácticas.
  • Guiando al ejércit hacia buenos lugares donde situar el campamento y donde obtener suministros.

Por otro lado, si se llegaba a producir una gran batalla, los auxilia no se limitaban a permanecer a un lado mirando cómo se desarrollaba. Los cuerpos auxiliares:

  • Posiblemente habían iniciado las primeras escaramuzas.
  • Procuraban mantener a la caballería enemiga alejada de los flancos de la legión
  • Mantenían posiciones en colinas o terrenos quebrados donde a los legionaros les era difícil mantener la formación.
  • Lanzaban jabalinas, flechas o proyectiles con honda, dependiendo de su especialidad.
  • Y, por supuesto, luchando donde más fuerte fuera el combate ya que, aunque su armamento fuera más ligero que el de los legionarios, probablemente los auxilia estarían mejor equipados, entrenados y armados que los enemigos.

El ataque de los ex auxiliares

Hay una razón que explica que los auxiliares fueran convertidos en ciudadanos al final de su periodo de servicio, además de asegurarse su lealtad durante la duración de éste. Tras completar dicho periodo de servicio, el auxiliar conocía el ejército romano al detalle, con sus virtudes y sus puntos débiles. Esto podía convertir a un antiguo auxiliar en un enemigo peligroso si decidía volver con su pueblo y utilizar esos conocimientos contra Roma. La vez que más cerca estuvo Roma de la derrota fue en el 90 a. C., cuando sus aliados se rebelaron y tuvo que enfrentarse con un enemigo que usaba armas, armaduras, disciplina y entrenamiento idénticos a los suyos.

Pero incluso cuando actuaban individualmente, los auxiliares podían llegar a ser extremadamente peligrosos, como indica esta pequeña muestra:

Yugurta sirvió a las órdenes del general Escipión Emiliano en Hispania, distinguiéndose en el asedio a Numancia. Después usurparia el trono de Numidia. Tras varios años de guerra contra los romanos -en la que obligó a
rendirse al ejército de Aulo Albino- fue finalmente derrotado por Mario.

Aparentemente miembro de una unidad de auxiliares tracios al servicio de Roma, Espartaco se dedicó al bandolerismo tras su licencia. Tras ser capturado y sentenciado a muerte en la arena, logré escapar y organizó un
ejército de esclavos fugados y de desposeidos en Italia. Saqueé toda la península hasta su derrota a manos de Craso.

  • 9 d. C. Arminio

Su traición resultó especialmente dolorosa, porque como jefe de la tribu de los queruscos tenia el rango ecuestre y era oficial de auxiliares. Contaba con la confianza de Quintilio Varo, y se aprovechó de la misma para organizar una emboscada que aniquiló a tres legiones en el Bosque de Teutoburgo. Arminio moriría más tarde en una batalla entre distintas facciones de su pueblo.

  • 17 d. C. Tacfarinas

Antiguo soldado de los cuerpos auxiliares, Tacfarinas se dedicó al bandolerismo tras su licencia, convirtiéndose en un dolor de cabeza para los romanos en Numidia. Se enviaron muchos ejércitos en busca de sus móviles guerrilleros, pero los romanos tardaron años en poder arrinconarlo y matarlo en Auzia.

  • 69 d. C. Cayo Iulio Civilis

A pesar de ser ciudadano romano, indujo a una unidad entera de auxiliares bátavos a traicionar a Roma junto con otras unidades de auxiliares galos. Estas tropas sitiaron a los desmoralizados legionarios de Castra Vetera, en el Rin, convenciendo a algunos para que desertaran. La revuelta fue finalmente sofocada por el ejército romano al mando de Ptellio Cerialis, pero Civilis mantuvo una posición lo bastante fuerte como para imponer una paz negociada, tras lo que desapareció de la historia.

La marina

Eran despreciados por los restantes cuerpos del ejército que siempre estaban dispuestos a recordarles sus grandes hazañas: durante la primera guerra púnica fue capaz de transportar a un cuarto de millón de hombres directamente al fondo del mar sin ninguna intervención por parte del enemigo; o, por ejemplo, en tiempos de Tiberio la campaña lanzada contra la tribu germana de los marsos terminó con una tormenta que acabó con la totalidad de la flota y con una parte sustancial del ejército, de forma que durante semanas, fragmentos de los barcos y legionarios ahogados estuvieron llegando a la costa. Y es que la gente es muy injusta: al fin y al cabo fueron capaces de ganar la única batalla naval que se ha dado en Suiza, en el lago Constanza, contra las flotas rética y vindelicia.

La última gran batalla en que participó la marina fue la misma que acabó con un siglo de guerras civiles en Roma y que convirtió a Augusto en emperador: la batalla de Actium. Desde entonces, la tarea fundamental ha consistido en intentar despejar en la medida de lo posible los mares de piratas y en navegar por los ríos.

Las principales flotas (classis) que existían en época altoimperial eran:

Classis Misenensis y Classis Ravennantis

La flota de Miseno recibía este nombre del cabo correspondiente y navega por aguas de la bahía de Nápoles, aunque su jurisdicción incluye las aguas de todo el Mediterráneo occidental. La misión de esta flota y la de la basada en Ravena, en el otro lado de la península italiana, era la de escoltar a los cargueros que traían trigo de África y Egipto y la de luchar contra la piratería. Esta última afecta, sobre todo a la Clasis Ravennantis, ya que los pueblos de Dalmacia y Cilicia consideraban la piratería como una forma de vida normal.

Classis Pannonica y Classis Moesica

Encargadas del curso del Danubio y la segunda, además, adentrándose ocasionalmente en el Mar Negro.

Classis Germanica

Basada en Colonia, es la flota del Rin, extendiéndose sus funciones hasta el Mar del Norte.

Classis Alexandria

Se encarga del Mediterráneo oriental pero, sobre todo, escolta a mercaderes por el Golfo Pérsico y también llegan a operar en el Éufrates.

Para entrar en la marina no hacía falta ningún requisito especial. La duración del servicio era por 26 años. Aunque los marineros eran hombres libres, algunos eran antiguos esclavos a los que se manumitía especialmente para que se enrolaran. Al licenciarse, los marinos, al igual que los auxiliares, adquirían la ciudadanía romana.

Para saber más: HNG155-80
Pretorianos

La Guardia Pretoriana es el destino ideal soñado por todo soldado aunque, desde luego, hace falta estar muy bien recomendado para poder acceder a la misma. Los pretorianos están acantonados en la propia Roma, y sólo abandonan la ciudad si el emperador sale en campaña. Su paga es más alta y el período de servicio más corto. Además, como es la mayor fuerza militar de la ciudad de Roma, su lealtad resulta esencial para la tranquilidad del emperador por lo que éste suele obsequiar a los pretorianos con grandes recompensas para mantenerles tranquilos y contentos.

Los pretorianos reciben su nombre de praetorium, la tienda de campaña ocupada por el general en un campamento del ejército. Los soldados con la misión de proteger dicha tienda, los “pretorianos” terminaro por identificarse con las tropas de elite de los generales. Su particular estatus fue regularizado por Augusto, por supuesto, y, posteriormente, por Tiberio. Se organizan en cohortes de 800 hombres cada una, estacionadas en cuarteles de la colina romana del Viminal y tienen también una unidad de caballería, los equites singulares Augusti.