Paleolítico: las huellas del chamán

Uno de los yacimientos prehistóricos más singulares se halla en Guipúzcoa, en el municipio de Deba. Se trata de la cueva de Praile Aitz, que desde hace cinco años está siendo excavada y estudiada. Lo que en principio tenía que ser una simpre excavación de urgencia que salvara los restos prehistóricos de un asentamiento que iba a ser destruido por la cercana cantera de Zeleta, se ha convertido en un yacimiento cuya pervivencia futura parece asegurada. Y no es para menos, pues en Praile Aitz se han encontrado vestigios excepcionales que nos hablan de la vida y, sobre todo, de las creencias de los hombres que vivieron en el Magdaleniense inicial, hace 15.000 años.

Lo importante no es tanto la calidad del material hallado, sino su contexto. Porque la cueva, a diferencia de otras de los alrededores, parece ser que no estuvo habitada por un grupo más o menos numeroso, sino por alguien que “poseía cualidades especiales, quizás un solo individuo, dedicado a una función ritual”, posiblemente un chamán. A favor de esta hipótesis juegan los restos hallados (entre ellos cinco collares y una serie de colgantes, hasta sumar veintinueve piezas), elaborados la mayoría en piedra, y sólo tres de ellos en hueso de cabra.

Uno de estos objetos es de una calidad excepcional: una piedra negra verdosa de unos 120 milímetros de altura, que ha sido bautizada como “Venus de Praile Aitz” por sus formas femeninas. Su hallazgo, así como el hecho de que no se hayan encontrado restos de talla de sílex, habituales en las cuevas en las que se han registrado signos de haber sido habitadas, ni tampoco restos de fauna, fuera de algunos carnívoros anteriores a la ocupación humana, parecen confirmar la idea de un uso ritual de esta cueva vasca.