Pompeya nos da más

Desde hace cinco años, la misión de los arqueólogos en la pompeyana puerta de Herculano es investigar la producción de cerámica y el papel de la artesanía en la economía de la ciudad. Desde luego, lo están consiguiendo. En la última campaña, iniciada en el mes de mayo, dieron con los restos de dos talleres cerámicos de características únicas. En los núcleos romanos, las necrópolis y este tipo de establecimientos se construían extramuros; en el caso de los talleres, por lo molesto de su actividad: mucho ruido, mucho humo y olores desagradables.

Lo que no esperaba el equipo interdisciplinar era encontrar nada más, al margen de este tipo de instalaciones, puesto que en el siglo XIX ya había excavado el área Giuseppe Fiorelli, el director de los trabajos de Pompeya que ideó el sistema de moldes de yeso para capturar la expresión de las víctimas del Vesubio. Sin embargo, en la trastienda de uno de los talleres, los expertos toparon con los huesos de cuatro de aquellas víctimas de la erupción del año 79. Los huesos están arrinconados contra una pared, típico resultado del paso de saqueadores en busca de pertenencias de valor. Los ladrones pasaron por alto tres monedas y un colgante de oro.

El otro descubrimient de la campaña es una tumba samnita muy anterior, del siglo IV a.C. Es la segunda, tras el hallazgo de una similar a finales del año pasado. Si la primera contenía los restos de una mujer, junto con varios recipientes, esta pertenecía a un hombre y presentaba vasijas menos ornamentadas, aunque su excavación todavía no ha terminado. Ambas tumbas son importantes por lo poco que se sabe de los samnitas, un pueblo itálico que se opuso por las armas al dominio de Roma en múltiples ocasiones, hasta ser barridos por Sila en 82 a.C. El hecho de que los objetos en ellas procedan de diferentes partes de la península aporta información sobre las relaciones comerciales que los samnitas llegaron a tener, y la primera tumba puede revelar datos esenciales sobre el papel de la mujer en aquel pueblo.