Quiénes eran

por | 11/04/2016

Excepto por el puro placer intelectual de ejercerla como diseñadores, los patricios romanos quedaban excluidos de la profesión. La función de su clase era mantener el patrimonio entrando en política y arreglando matrimonios entre familias de su mismo rango. Esto limitaba a los plebeyos, ciudadanos o libertos -e, incluso, a esclavos- la práctica de un oficio que parece haber gozado de un cierto prestigio, y cuyos miembros tenían generalmente recursos como para dotarse de una lápida funeraria de cierta calidad. Un detalle que nos habla de un ejercicio profesional relativamente bien pagado.

Vitruvio, hablando siempre desde un punto de vista teórico, ya que por entonces no existían las universidades, consideraba que el arquitecto no solo debía saber dibujar, sino también, geometría, óptica y aritmética, sin olvidarse de conocimientos generales de historia, filosofía, música, medicina, derecho, astronomía y cosmología. ¡Todo un currículo! Obviamente, si esto llegó a suceder sería en contados casos. En realidad, tras aprender a leer y matemáticas básicas en la escuela infantil y quizá algo de oratoria, gramática, historia, etc. en la escuela de lo gramático, si uno deseaba hacerse ingeniero no le quedaba más remedio que sumergirse en el mundo teórico que sobre su profesión podía encontrar en las bibliotecas. No conocemos casi ninguna de estas obras, pero además del clásico tratado de Vitruvio (siglo I a.C.), sabemos que existía el voluminoso Corpus agrimensorum, que se encargaba de enseñar a sus lectores cómo medir terrenos y dividirlos.

Pero con esto no bastaba. El único método eficaz para convertirse en ingeniero era buscar un maestro a quien seguir los pasos como ayudante, viéndole trabajar y aprender de él. Como es natural, si, recién ingresado en el ejército, un legionario era destinado al cuerpo de ingenieros, su camino ya estaba decidido, lo quisiera o no. Durante sus años de servicio sería uno de esos personajes cuya labor tanto se iba a dejar sentir en el desarrollo del imperio que Roma estaba conquistando. Unos conocimientos que  posiblemente convirtiera en su ocupación una vez abandonase el ejército.

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