Rodrigo (Rodericus)

por | 16/02/2016

En el año 710 moría el rey Witiza, quien ocho años antes había sucedido en el trono a su padre Egica. Según las crónicas, Witiza dejaba tres hijos: Agila o Akhila,  Olmundo y Ardabasto. Asimismo, se sabe de la existencia de dos hermanos de Witiza,  Sisberto y Oppas. Evidentemente, como no podía ser menos, toda esta poderosa familia -parece que Oppas era obispo de Toledo- apoyó como sucesor a Akhila, el mayor de los hijos. No obstante, y como había ocurrido muy a menudo en el pasado en otras situaciones similares, una serie de nobles se opusieron al nombramiento de Agila como sucesor de su padre.  De una forma u otra se reunió el Senado de nobles y proclamó como nuevo rey a Rodrigo (Roderico), probable dux (duque) de la Bética y, al parecer, emparentado con la familia del antiguo rey Chindasvinto.

rodrigoAunque algunos autores modernos consideran la elección de Rodrigo como una nueva usurpación del poder, lo cierto es que la sucesión electiva de la monarquía era el sistema “legítimo” de la realeza visigoda, aunque la monarquía hereditaria era una práctica ya secular y consolidada. No obstante, la elección de Rodrigo debió ser conflictiva y sólo la habrían apoyado algunos sectores de la nobleza, localizados principalmente en Toledo y hacia el sur, tanto en las tierras de la Bética como en la región de Mérida.

Un dato muy significativo acerca de esta falta de consenso es el hecho de que no se conozcan acuñaciones de moneda de Rodrigo en las cecas de la Tarraconense ni de la Narbonense. En cambio, tras la invasión musulmana se acuñaron en ambas provincias monedas de Akhila II, el posible primogénito de Witiza, que debió reinar en las dos zonas, fieles a su clan, cuando ya se había iniciado la conquista islámica.

Rodrigo, pues, se encontró con graves dificultades desde el momento mismo de su elección. De un lado, su proclamación sólo por parte de una facción de la nobleza; es posible, incluso, que el obispado católico no lo apoyara por preferir  la continuidad del clan witizano. Esta situación podía provocar un conflicto civil, como, de hecho, debió suceder, recordando de alguna manera la situación vivida entre el rey Wamba y el conde Paulo, con el reino dividido en dos partes, estando la Tarraconense y la Narbonense bajo el control de Agila y el resto, más o menos, perteneciendo a Rodrigo. De otro lado, la situación del reino era preocupante por las continuas incursiones de los vascones, el resentimiento de los judíos perseguidos durante los últimos reinados y la catastrófica situación económica.

En esta situación de total y profunda inestabilidad,se produjo la invasión musulmana. Es posible -ni mucho menos, seguro- que hubiera una primera incursión de tanteo o reconocimiento ya en el mismo 710 a cargo de unas tropas expedicionarias al mando de un tal Tarif. De todas formas, la primera y auténtica incursión debió de ser la del año 711, al mando del bereber Tariq ibn Ziyad, lugarteniente de Musa ibn Nusayr. Este último (cuyo nombre popularizaron las crónicas como Muza) era el gobernador de Ifriqiya, el norte de África. Los bereberes de Tariq entraron en la Peninsula hacia finales de abril de 711 . Según las fuentes árabes, los siete mil hombres de Tariq habian sido reforzados para la ocasión con cinco mil más enviados por Musa. Dado que Musa no iba al frente del ejército y que los efectivos militares no eran muy elevados, se cree que su objetivo no era la conquista, sino llevar a cabo campañas de saqueo.

Mientras tanto, Rodrigo estaba en el norte, sitiando Pamplona, no se sabe si al frente de una expedicion contra los vascones o combatiendo directamente con las tropas de Akhila en una guerra civil abierta. Ante la noticia del desembarco musulmán, el rey se vio obligado a marchar rápidamente al sur, quizá sin grandes efectivos, aunque las fuentes árabes magnifican el número de soldados del enemigo, llegando a hablar de cien mil hombres, lo que desde todo punto de vista es imposible. Sea como fuere, el enfrentamiento de ambos ejércitos se produjo en la batalla del río Guadalete, el wadi Lakka de las fuentes árabes, aunque el sitio exacto en que tuvo lugar es impreciso y suele hablarse del valle del Guadalquivir como escenario de la misma.

La derrota visigoda fue absoluta. Una de sus causas fue, según las fuentes, la traición dentro de las propias filas del ejército real. Los flancos de éste habían sido confiados, al parecer, a los hijos menores de Witiza o bien a los hermanos de dicho rey, Sisberto y Oppas, quienes hicieron defección en pleno combate, dejando desamparado a Rodrigo y a sus tropas. Lo que no queda claro en absoluto es el motivo por el cuál, si Rodrigo estaba enfrentado a Agila, como es que permitió el mando de parte de su ejército a unos más que seguros enemigos

En las crónicas, Oppas es mencionado como obispo metropolitano de Sevilla y enemigo declarado de Rodrigo. No obstante, en la Crónica de 754 se le sitúa en Toledo, y se especifica (aunque sin explicar las razones de ello) que Muza lo condenó a muerte cuando en 712 ocupó la capital visigoda.

En cuanto al propio Rodrigo, debió morir en la batalla, aunque parece que su cuerpo no fue encontrado. La leyenda -pura leyenda sin ninguna verosimilitud- dice que huyó, incluso que murió más tarde y fue sepultado en la localidad portuguesa de Viseu. Según la Crónica Rotense en esa ciudad apareció un sepulcro con una inscripción que decía: “Hic requiescit Rodericus Rex Gothorum” (“Aquí descansa Rodrigo, rey de los godos”). De ser esto cierto, bien pudo suceder que los leales al rey en la huida hubieran dado allí sepultura a sus restos.


Para saber más:

HNG34-80

HNG101-70