Suetonio

por | 13/11/2016

Suetonio (Gaius Suetonius Tranquillus; 70 – post. 126), fue un historiador y biógrafo romano durante los reinados de los emperadores Trajano y Adriano. Formó parte del círculo de amistades de Plinio el Joven y, al final, del mismo emperador Adriano hasta que cayó en desgracia por enemistarse con este. Su obra más importante es las Vidas de los doce césares (De vita Caesarum, también conocida como Vitae Caesarum), en la que narra las vidas de los gobernantes de Roma desde Julio César hasta Domiciano.

Se sabe poco de su vida privada; parece ser que nació en el año 70 o 71 en Hipona, hijo de un tribuno de la legión decimotercera, y que falleció con posterioridad al año 126, aunque no se sabe exactamente ni la fecha ni el lugar. Fue amigo y protegido de Plinio el Joven que le introdujo en la burocracia imperial en tiempos de Trajano, desempeñando cargos burocráticos de gran responsabilidad durante los mandatos de este emperador y de Adriano hasta que cayó en desgracia hacia el año 122, quizá por su relación con la emperatriz Vibia Sabina.

Aunque se ha perdido gran parte de su obra, ha llegado hasta nosotros un libro fundamental para conocer los hechos sucedidos en Roma durante los primeros emperadores, La vida de los doce césares. Terminada hacia el año 121, es un compendio biográfico de los emperadores desde Augusto hasta Domiciano, a los que se añade, al principio la biografía de Julio César. Esta obra ha proporcionado gran cantidad de datos sobre la vida privada y el gobierno de los emperadores romanos, aunque en ocasiones se centra más en cuestiones superficiales anecdóticas, supersticiosas o escandalosas; no hay, pues, que buscar en él un estudio profundo de los hechos históricos. Libro muy popular durante la Edad Media gracias su estilo de escritura fluido y llano, libre de artificios, su estructura es puramente romana: estirpe, familia, nacimiento, educación, toga virilis, comienzos de la carrera, empresas guerreras, vida privada, prodigios, muerte, testamento. Cada vita o biografía aparece aquí aséptica de todo sentido o interpretación ética o política: nunca ofrece juicios morales aunque esté describiendo auténticas monstruosidades o abominaciones, que nunca ahorra al lector; las describe con una absoluta frialdad y deja al lector toda condena de esos vicios. Acaso pretendía moralizar a la inversa y, cuando no encontraba ejemplos de virtud, ofrecer antiejemplos.

  1. 2017/01: HyV586-48

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *