Llegan los suevos

Pueblo germano originario de las costas del Báltico. Aparece mencionado por vez primera por Julio César apareciendo su nombre en diferentes ocasiones a lo largo de los siglos siguientes por parte de diversos autores romanos. No constituyeron en ningún momento un grupo homogéneo sino que, por el contrario, estuvo compuesto por diversas tribus que cambiaron en su composición y características propias hasta el punto de que posiblemente “nuestros” suevos fueron antes/también los alamanes, quados, etc., al menos en parte; es decir, por ejemplo, ni nunca todos los quados fueron considerados suevos, ni todos los suevos fueron quados . Parece deducirse de las referencias de estos primeros siglos de la era cristiana que los suevos eran fundamentalmente nómadas y no se llegaron a establecer en ningún lugar fijo durante un período de tiempo apreciable.

Así se llega al 31 de diciembre de 406 en que el Rin se hiela lo que es aprovechado por suevos, vándalos y alanos para cruzar a la Galia derrotando a los francos que estaban guardando la frontera como federados del Imperio romano. Durante los dos años siguientes saquean a su antojo la Galia para, ya en el año 209, pasar a Hispania.

Hay que tener presente para el desarrollo de todo lo relativo a los suevos, al reino suevo en Gallaecia, varias circunstancias:

  1. Las fuentes son muy escasas, cuando no inexistentes. En efecto, en lo que se refiere a la llegada, asentamiento y desarrollo del reino suevo hasta aproximadamente el año 480, lo único de que se dispone, prácticamente, es la crónica escrita por Hidacio. Esta crónica tiene la desventaja de que es muy subjetiva pues este obispo pertenecía a una rica familia romana de Gallaecia por lo que, evidentemente, estaba muy predispuesto contra los invasores, máxime cuando vivió presencialmente los saqueos, bandidaje, hambrunas y pillajes de todo tipo que se dieron sobre todo en los primeros años. Después, desde el 480 hasta el 550 no existe ninguna fuente que nos dé un poco de luz de cómo fue la historia de este pueblo; y ya al final, hasta su desaparición, lo que se conoce es desde el punto de vista visigodo con la conquista definitiva por parte de Leovigildo.
  2. El número de suevos era muy reducido; se puede calcular que en total serían alrededor de unos 25.000 o 30.000 individuos de los cuales únicamente unos 8.000 o 9.000 serían guerreros, para una población galaico-romana estimada en unas 700.000 personas (se calcula que en total entraron unos 200.000 bárbaros para una población hispanorromana de unos 5.000.000 de habitantes en toda la península). Esta desproporción entre el número de los invasores y la población invadida debería explicar muchos de los comportamientos y hechos que se produjeron en los primeros años, teniendo en cuenta siempre el marco político en que se desarrollaban.
  3. Cuando se habla de un “Estado” o de un “reino” hay que olvidarse de intentar compararlo, no ya con el mundo actual, sino, incluso, con los reinos feudales de la propia Edad Media. Era todo más inmediato y primitivo, era una dominación ejercida desde unos lugares muy específicos -Lugo, Braga, en el caso de los suevos- por una clase dirigente sobre una masa mucho mayor de población que, desde luego, no tenía conciencia de pertenecer a una sociedad diferente de la que estaba en el reino de al lado.
  4. Por último, otro hecho que ocurrió fue la independencia de grandes áreas territoriales, bajo el mando de una serie de “señores de la guerra”, debido al caos surgido con las invasiones. No solamente habría que hablar de la zona imperial (hasta finales del siglo V y posteriormente con los bizantinos), del reino suevo, de los vascones, de los cántabros y del reino visigodo; se sabe, por referencias tangenciales, de la existencia de zonas que estaban fuera de todo control y que no dependían de nadie ni daban cuenta a nadie. A lo que habría que sumar las bagaudas, también en el siglo V, y las hordas de bandidos existentes a lo largo del siglo VI.

Volviendo a los suevos, podemos considerar su reino en tres etapas bastante bien diferenciadas:

  • Primera etapa: llegada, asentamiento y creación del reino: desde la entrada de los suevos en Hispania en el año 409, hasta el año 438 en que “abdicó” el que fue su único rey en todo este período, Hermerico.
  • Segunda etapa: apogeo del reino, del año 438 al 456, bajo los reinados de Rekhila y Rekhiario.
  • Tercera etapa: años oscuros y final del reino, el año 585, con su conquista por parte de Leovigildo.

Esa primera etapa, con Hermerico, de asentamiento y creación del reino podemos, a su vez, considerarlar dividida en tres fases: la primera, abarcaría desde el 409 hasta el 419; la sengunda iría desde esa última fecha hasta el año 431; y la tercera, desde 431 hasta 438.

Primera fase: desde 409 hasta 419.

Por definirla brevemente para toda Hispania y en concreto también para Gallaecia: caos, hambre, destrucción, epidemias y matanzas. Como ya se ha comentado, los suevos, vándalos y alanos entran en 409 en Hispania y se dedican al pillaje y destrucción indiscriminada por todo el territorio sin que hubiera ningún tipo de fuerza militar que pudiera oponerse a ellos. En algún momento, hacia el año 411 o 412, no se sabe si por algún tipo de intervención del Imperio que intentó aceptar los hechos consumados de la invasión asignándoles el papel federados, -no hay que olvidar la conmoción que supuso el saqueo de Roma del año 410- o bien por propia iniciativa, los bárbaros acordaron dividirse Hispania en diversas partes, parece ser que atendiendo principalmente a su fuerza e importancia en ese momento. Hispania_418_ADAsí,  los vándalos silingos (uno de los dos pueblos de vándalos que entraron), se quedaron con la Bética; los alanos se distribuyeron por la Cartaginense y Lusitania; los vándalos asdingos (los otros vándalos) se asentaron en la zona oriental de Gallaecia -zona de Lugo y Astorga- y, por último, los suevos, se quedaron con la zona occidental, más alejada de todo y menos romanizada, de Gallaecia -Braga y Oporto, fundamentalmente-. El Imperio, por su parte, siguió conservando el control directo de la Tarraconense conservándolo, con muchas y diversas variaciones, hasta su final.

Este reparto no tenía nada que ver con la creación de ningún tipo de “Estado”; consistía, lisa y claramente, en repartirse la zona de saqueo.

La situación empieza a dar un giro cuando, gracias al foedus firmado entre el Imperio y los visigodos, estos entran en Hispania al mando de su rey Walia para devolverla al control imperial y destrozan, y casi aniquilan completamente, tanto a alanos como a suevos silingos en un par de campañas durante los años 417 y 418. Y aquí se produjo un primer golpe de suerte para los suevos ya que los visigodos no completan la tarea de limpieza encomendada al ser reclamados por el Imperio para que vuelvan a la Galia, en parte por la situación de emergencia que se vivía allí y en parte por miedo a que los propios visigodos se dieran cuenta de su fortaleza y decidieran hacerse completamente autónomos e independientes de Rávena.

Sin embargo, surge otro problema: los restos de vándalos silingos y alanos se refugian en el noroeste, entre los vádalos asdingos; de esta manera la población vándalo-alana en esa zona aumenta lo suficiente como para que el territorio que tenían asignado previamente les resulte insuficiente y busquen expandirse. Hacia el este del territorio que ocupaban estaba la zona cántabro-astur ya casi totalmente independizada, de orografía muy difícil y población muy belicosa; también se encontraba la zona imperial a la que, visto lo ocurrido, era mejor no provocar.

De esta forma, los vándalos se dirigen contra los, a priori, más débiles, los suevos, a los que acorralan en los montes Nerbasos en el año 419. Y aquí los suevos tienen un segundo golpe de suerte, y es que un ejército imperial que había acudido a intentar terminar de poner un poco de orden en la situación, ataca a los vándalos -como siempre, por ser considerados más peligrosos-, y los derrotan, aunque no consiguen evitar que emigren hacia la Bética; de esta forma, y aunque debilitados por el enfrentamiento con los vándalos, los suevos se quedan sin competencia externa.

Segunda fase: de 419 a 431.

Teniendo siempre presente la presencia -amenazante para unos, salvadora para otros- del Imperio romano, los suevos y los galaicorromanos siguen con el conflicto en el que llevaban inmersos desde hacía ya unos 10 años, pero ahora, ambas comunidades, con más autonomía. Los  galaicorromanos se hacen fuerte en los antiguos castros y fortalezas de las zonas más elevadas mientras que los suevos, sobre todo, se terminan de establecer en algunas “grandes” ciudades -Lugo y Braga, que consideran su capital, principalmente- y en las zonas más llanas. Unos desde un lado y otros, desde el otro, se están hostigando continuamente y así se suceden una serie de treguas, prontamente rotas en conflictos más o menos abiertos y sangrientos, seguidos de otras treguas …, una y otra vez. No había un colectivo capaz de imponerse al otro.

Parece ser que de vez en cuando hay peticiones de los galaicorromanos dirigidas al Imperio para que intervenga y ponga fin a esta situación tan dramática, peticiones que siempre son desatendidas. La más seria, formal y última de estas peticiones la realiza el obispo Hidacio ante la máxima autoridad imperial, el general Aecio, en el año 431, es decir, poco después de que los vándalos hubiera abandonado Hispania y haberse quedado los suevos como único pueblo bárbaro en la península. De esta forma, Hidacio, no se sabe si por petición de los galaicorromanos, si por propia iniciativa ante la nueva coyuntura, se traslada desde su sede episcopal, Chaves, hasta la Galia donde Aecio se encontraba en aquél momento ocupado, como siempre, en intentar salvar lo insalvable. Evidentemente, Aecio tenía asuntos más urgentes y más importantes entre manos que una petición de la zona más alejada del Imperio, por lo que toda su intervención consistió en enviar ante Hermerico a un representante suyo para reconvenirle por su actuación.

De esta manera, los dos pueblos terminan por comprender que tienen las manos libres para actuar a su propia conveniencia.

Tercera fase: desde 431 hasta 438

Reino suevo

Reino suevo. La línea amarilla indica el límite de la Gallaecia romana.

Es la fase de la consolidación de reino suevo. Por fin, después de tantas luchas y pesares, abandonadas a su suerte por el Imperio, incapaces de imponerse la una a la otra, ambas comunidades llegan al entendimiento, quizá con la mediación de las Iglesia católica.

Los suevos, con su rey Hermerico a la cabeza, se convierten al catolicismo, religión principal de los galaicorromanos -aunque el priscilianismo seguía siendo importante y amplias capas de la población seguían cultivando el paganismo-, lo que supone un gran avance en la integración de los dos pueblos. Es el primero de los pueblos bárbaros que da este paso.

Por otro lado, el reino se afianza -es el primero que es reconocido como tal por el Imperio, siendo Hermerico reconocido a su vez como rex– y es también el primero de entre todas las nuevas estructuras políticas y territoriales que se van dibujando dentro de los límites del antiguo Imperio romano en acuñar su propia moneda.

Por fin, el año 438 Hermerico, enfermo gravemente desde hacía varios años, asocia al trono a su hijo Rekhiario con el que el reino suevo conseguiría su máxima expansión. Hermerico morirá en 441.


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