Suintila

Rey de 621a 631, sucediendo a Recaredo II. Era hijo de Recaredo I.

Emprendió una dura represalia contra los vascones por haber asolado el valle del Ebro. Su victoria fue rotunda hasta el punto de conseguir una deditio (rendición incondicional), nunca antes lograda. Con los prisioneros vascones, construyó Oligicus u Ologite, que junto con Vitoria formaría una línea defensiva contra futuras incursiones. De todas formas parece que esa victoria quiza no fuera muy duradera, ya que Braulio de Zaragoza nos dice cómo en 625 había penurias y desórdenes en las cercanías de Zaragoza.

El hecho principal de su reinado es la expulsión definitva de los bizantinos con la recuperación de Cartagena para el reino visigodo en 625, victoria obtenida tras una batalla campal en la que capturó a dos patricios imperiales. Así pues, excepto en Vasconia, Suintila fue el primer rey visigodo que gobernó en la totalidad de la Península Ibérica.

Aprovechando sus éxitos militares, decidió reforzar la autoridad real frente a la nobleza y la Iglesia católica, que estaban logrando acumular progresivamente más poder. También quiso hacer hereditaria la monarquía y asoció a su hijo Ricimiro a la corona. Evidentemente, estos intentos provocaron una reacción contraria en la nobleza y la propia Iglesia, lo que fue el propició su caída.

En el año 631 Sisenando, gobernador de la provincia de la Narbonense organizó una rebelión que, poco a pocos, se fue extendiendo con sucesivas deserciones, incluida la de Geila, hermano del rey. Finalmente Suintila, aislado, fue depuesto. En el IV Concilio de Toledo del año 633, presidido por Isidoro de Sevilla, Suintila fue excomulgado y recibió el anuncio de la confiscación de todos sus bienes. En ese mismo concilio, Sisenando fue legitimado como rey y también se estableció oficialmente el carácter electivo de la monarquía visigoda. Suintila murió un año más tarde, en el 634.

Es curiosa la ambivalencia mostrada por San Isidoro respecto de Suintila. Por un lado, mientras reinó, no dudó en resaltar su generosidad, su prudencia, su buena fe, su energía, su rigor como juez y su atención hacia los pobres, llegándolo incluso a denominar como el “padre de los pobres”. Pero cuando el rey fue depuesto el obispo no dudó en dar un giro de 180 grados en sus calificativos y fue otra la visión ofrecida acerca del “padre de los pobres”. Incluso consideró oportuno reeditar su Historia de los Godos para eliminar los elogios vertidos sobre Suintila.