Tánaquil

por | 19/05/2016

La estirpe de conquistadores como Mario, Sila, César o Augusto bebía de una fuente muy antigua, como si por las venas del Tíber no corriera solo agua, sino pura ambición. Ambición fue lo que empujo a Tánaquil, la esposa del que sería quinto rey de Roma, Lucio Tarquinio Prisco, a convencerle para que abandonara Etruria ante las nulas perspectivas de progreso social que allí les deparaban. Hijo de un gobernante exiliado de la griega Corinto, Tarquinio llevaba años pugnando sin éxito por hacer carrera en Etruria, y ahora esperaba abrirse paso en la selva política de Roma, ayudado por la fortuna de su padre Demarato. Y por su hábil mujer.

Las efigies de Tánaquil muestran un semblame agraciado, labios y ojos grandes y melena abundante. Cuenta Tito Livio que al entrar en la ciudad, un águila sobrevoló la testa de Tarquinio. Tánaquil decretó entonces que el vuelo de la bestia era una señal de la grandeza que esperaba a su marido. Así fue: Tarquinio entró en la corte, primero como preceptor de los hijos del rey Anco Marcio y amigo de éste, y luego, cuando el rey murió, ocupó su lugar. El etrusco convenció a la asamblea de los comicios curiados de que él, y no los hijos legítimos de Anco Marcio, debía ser el siguiente rey de Roma, y, tras el interregno, tomó posesión de la Corona.

Pasaron los años. Tánaquil sabía en su fuero interno que los hijos de Anco Marcio, adolescentes cuando su esposo ascendió al poder, no tardarían en buscar la forma de vengarse. Fue entonces cuando oyó hablar del prodigioso hijo de una sirvienta, un infante cuya frente resplandecía con llamas que no hacían mella en su piel, y decidió que valía más tenerlo cerca. Incluso llegó a casarlo con una de sus hijas, Tarquinia, y se encargó de educarlo como a su propio hijo.

Si creía de veras en la grandeza de Servio Tulio (llamado así por sus orígenes humildes) no lo sabremos nunca, pero sin duda supo anticiparse a los acontecimientos. Cuando murió su esposo Tarquinio, abatido por dos asesinos a sueldo de los hijos de Marcio, la reina decidió fingir que Servio Tulio era designado rey durante la convalencia de Tarquinio, en realidad ya fallecido. Era una irregularidad en el sistema de elección romano, pero la voluntad de hierro de Tánaquil y su capacidad de persuasión pusieron a un criado en el trono de Roma.

No fue una mala decisión: Servio Tulio ha pasado a la historia como un rey sabio, esforzado y buen reformador. Instauró el primer censo y dividió a la población en nuevas tribus en función de rango, riqueza, estatus y hacienda. De hecho, historiadores como el británico Tim J. Cornell afirman que Servio Tulio sentó las bases de la “ciudadanía romana”. Es parte de la ironía que s0brevuela la historia de Roma que el concepto que caracterizaría al Imperio fuera fruto de la alianza entre una etrusca y un esclavo.

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